Pan de cenizas

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“En vez de pan, como ceniza; en mi bebida se mezclan mis lágrimas…”

Salmo 102:9, versión Dios habla hoy.

Pan de cenizas, vino de lágrimas,
el sufrimiento y la injusticia
ofenden y lastiman la vida,
condenándola al escándalo del gris
de las gentes pobres, violentadas,
excluidas, abandonadas, olvidadas
por los sistemas de muerte
que solo hornean pan
(o reparten vacunas)
para quienes son parte del selecto club
de los privilegiados y las privilegiadas.

Pan de cenizas, vino de lágrimas,
la consecuencia de un mundo
que se ha acostumbrado
al absurdo del hambre y de la sed,
de la muerte por enfermedades prevenibles,
del desempleo, de la trata,
de la condena fácil y del prejuicio,
de los derechos mutilados
y de los sueños encarcelados
en las prisiones construidas
por mercaderes del Mammon,
por adoradores de la mentira,
por esbirros y esbirras del odio.

Ya no queremos pan de cenizas, buen Dios,
ni copas rebosantes de lágrimas
ni sermones que llamen a la paciencia
ni teologías que sostengan el statu quo
ni canciones que anuncien glorias futuras
ni oraciones prefabricadas
ni palmadas de ocasión en el hombro
ni limosnas que solo lavan conciencias
ni iglesias de membresías insensibles
ni evangelios evangelizados por el mercado
ni coaching meritocrático disfrazado de fe
ni ritos fríos y vacíos de la pasión liberadora
que hace al proyecto salvífico de Jesús.

Danos pan del bueno, Dios de los trigales,
de ese que se amasa desde la esperanza
y que tiene el aroma de la solidaridad
y que se hace grande al compartirlo.
Danos del vino generoso, Dios de las vides,
de ese que desborda de tu gracia
y que al pasar de mano en mano
contagia amores y abre rumbos
hacia jornadas de mesas plenas
y de calidez humana
y de risas y de abundancia.

Gerardo Oberman

(Anticipando la Cuaresma 2021).

Fuente: perfil del autor en Facebook.
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