Archivo de la etiqueta: Gerardo Oberman

Desenamorado


Hoy quisiera declararme desenamorado.
Desenamorado de los amores edulcorados,
de las relaciones posesivas,
de los abrazos que aprisionan la libertad,
de los besos hipócritas y de las caricias falsas,
de las miradas turbias y de las sonrisas torcidas.

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¿Amar?


¿Amar?

¿Amar a quien escupe su odio en la cara de sus prójimos?
¿Amar a quienes asesinan los sueños de niños y niñas?
¿Amar al que explota al obrero y se queda con su jornal?
¿Amar al xenófobo, al homofóbico, al filo-nazi?
¿Eso nos pedís, Jesús?

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¿Navidad?


Celebran navidades
en los palacios de Herodes,
donde los confabuladores de siempre
negocian sus privilegios,
los consensos corporativos necesarios
para seguir lucrando
sobre la base de la miseria
de las gentes sufridas.

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Bienaventuranzas


Bienaventuradas las personas que,
en medio del ruido y el caos de las ciudades,
son sensibles al llamado de Dios
y a las necesidades de sus próximos.
Bienaventuradas las personas
que ven y oyen a quienes andan a su lado,
a quienes van en el metro, en el colectivo, en el tren;
que tienen ojos, oídos, corazón
para los niños y niñas
y para la gente mayor, los ancianos, las ancianas.

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Olvidos


El pueblo decía
“El Señor me abandonó,
mi Dios se olvidó de mí.”
Pero ¿acaso una madre olvida
o deja de amar a su propio hijo?
Pues aunque ella lo olvide,
yo no te olvidaré.

(Isaías 49:14-15)

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Te llamo amigo…


Un día,
mientras te despedías de la vida,
preparándote para saludar
la Vida de verdad,
saludaste a tus discípulos
llamándolos amigos.
Lo hiciste desde el amor,
desde la confianza,
desde el deseo profundo
de sentirte acompañado
en un proyecto,
en una misión,
en un camino,
en una propuesta
nueva y revolucionaria,
transgresora del orden
y anunciadora de plenitud
para todos y todas.
Lo hiciste esperando respuesta,
anhelando un gesto
de aquellos que, en silencio,
te escuchaban.
Sus respuestas
no tardaron en llegar.
Uno te traicionó,
por unos pocos pesos;
pero aún así,
cuando su beso tocó tu mejilla,
le repetiste:
“amigo, haz lo que tienes que hacer”.
Lo amaste aún en la traición
que te llevaría a la muerte…
Otro te negó, ¡tres veces!
Y cuando lo miraste a los ojos,
lo amaste y lo perdonaste
hasta hacerlo llorar.
Otros corrieron a esconderse,
dejándote solo en la hora
en que uno espera que los amigos,
los de verdad, estén.
Pero los buscaste,
caminaste con ellos,
entraste en sus casas,
preparaste su desayuno
mientras intentaban volver
a su antigua vida,
partiste el pan…
hasta que, al fin,
sus ojos se abrieron.

Hoy, consciente de mis traiciones,
de mis negaciones,
de mis ausencias,
de mis desaciertos,
de mis abandonos,
de mi fragilidad,
de mi débil fe,
de mis ojos ciegos,
de mis manos quietas
y aún de los besos sin amor,
quiero escucharte, Señor,
necesito escucharte,
diciéndome, a pesar de todo,
“te llamo amigo”.

Gerardo Oberman

Fuente: Red Crearte.