María Bedoian, armenia, periodista y desaparecida

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En el aniversario 45° del golpe de Estado cívico-militar de 1976, el recuerdo de María Bedoian (en la foto superior), hija de sobrevivientes del genocidio armenio, periodista y que se encuentra desaparecida desde el 12 de junio de 1977. El siguiente perfil está integrado por extractos del libro «Veintidós vidas. Los desaparecidos armenios de la dictadura 76′-83′», del colega Cristian Sirouyan, que puedes comprar aquí.

«Profundamente solidaria, idealista y creativa”. Así, sin una duda, definen sus familiares y amigos a la periodista tucumana María Bedoian, la entrañable «Negra» desaparecida desde el 12 de junio de 1977, cuando fue llevada detenida de su departamento de la avenida Directorio de la Capital Federal. Es probable que su carácter y su vocación por las tareas creativas a toda hora hayan sido un fiel reflejo de sus padres Hagop (nacido en Kilís, en la Armenia histórica, actual territorio de Turquía) y Satenig, oriunda de Aintab, cuyos precipitados pasos tras el genocidio de 1915 coincidieron en Tucumán en la década del 30.

La muerte al acecho parecía haber quedado atrás para siempre cuando nació María Bedoian en 1945 y después sus hermanos Juan y Pedro. Aún más parecían distanciarse los nubarrones oscuros del pasado una vez que la Escuela Vocacional Sarmiento despertó en María una irresistible inclinación por el arte, la escritura y la lectura y la empujó a crear un periódico de circulación interna.

Fue una primavera plena de sueños y alegrías, no exenta de sacrificios y desilusiones, que se extendió por 32 años. El destino volvió, cruel e impiadoso, para ensañarse con María y su esposo, el científico Ignacio Ikonikoff, cuando un grupo sin rostros ni nombres los arrancó de su vivienda, que abandonaron completamente saqueada.

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En medio de la atmósfera densa que padecía la Argentina de esos días, Ana Verónica (entonces, de 3 años) sobrevivió a la tragedia de sus padres María e Ignacio y pudo ser rescatada por sus familiares, después de haber quedado una semana al cuidado del encargado del edificio. Hoy vive cerca de la molienda creada en Tucumán por su abuelo, el sastre que había llegado al Noroeste ya agobiado por las imágenes de otro horror colectivo, la gran tragedia sufrida por el pueblo armenio.

Detrás de las mechas de su largo cabello oscuro y la nariz prominente, la Mary apegada a la ropa de jean y los bolsos artesanales de hilo tejido escondía una pila insondable de ideales. Su sonrisa fácil revelaba una personalidad profundamente afectiva y solidaria, un ser vital y emprendedor que expresaba a su manera buena parte del perfil paterno.

Los sueños que María solía compartir con su amiga Nora Sisak durante la adolescencia tucumana la empujaron a subir al tren rumbo a Buenos Aires en 1963, con el firme propósito de cursar la carrera de periodismo en el Instituto Grafotécnico. «Nos conocimos como estudiantes en 1968, cuando La Negra tenía veintidós años. Trabajamos juntas en la revista «Dinamis’, que publicaba el Sindicato de Luz y Fuerza. Ella leía mucho y de todo. En el legendario Comité de Lucha de Prensa, Maria se revelaba fuerte y vulnerable a la vez, apasionada y compañera. Solidaria», la recuerda Norma Osnajansky en el libro de la editorial Sudamericana «Maten al mensajero. Periodistas asesinados y desaparecidos desde Mariano Moreno hasta José Luis Cabezas», escrito por Franco Salomone.

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Fiel a su estilo, a fines de los 60 salió a dar batalla desde la prensa escrita en el periódico Armenia, que se editaba en la calle El Salvador al 4600. No le costó mucho despuntar como una secretaria de redacción multifacética. Se daba tiempo para producir y escribir notas, corregir, editar y hasta acomodar los caracteres de plomo en el linotipo. Varias veces, incluso, estiraba la jornada hasta más allá de la medianoche en la casa que Rubén Sirouyan y Anahid Djellatian compartían en Morón. “Bajaba de su Renault 4 con su sonrisa amplia y el infaltable cigarrillo encendido a mano, dispuesta a terminar el cierre y proponer temas siempre originales, viables para transformar en notas de interés para los lectores», cuenta su excolega y compañero de trabajo.

La chica inconformista que solía romper los rígidos moldes de la sociedad tucumana de entonces parecía, por fin, haber encontrado pista libre en Buenos Aires para encausar tanta energía creativa. Su pasión desbordante también le reclamaba afectos fuertes. Primero buscó cobijo en su tío Luis Djibelekian y enseguida buceo en la colectividad armenia, un nido de almas gemelas que en Tucumán sólo se restringía al ámbito familiar. Como en toda lucha ardua, María ganó y perdió. Pero hasta el final, ese ser único y generoso, querible a la distancia, no retaceo nada para dar todo de sí.

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