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La conversación pública sobre niños, adolescentes y tecnologías de la información y la comunicación (TIC) dejó de girar solo alrededor del acceso. Ya no alcanza con preguntar si tienen conectividad, celular propio o cuentas en redes sociales.

La discusión central pasa por otro lado: qué tipo de relación construyen con esas pantallas, cuánto de su atención queda capturado por ellas y qué herramientas reciben para no quedar solos ante diseños pensados para retenerlos.

En ese cruce entre vida digital, salud mental y crianza se ubica Soledad Gutiérrez Eguía, licenciada en ciencias de la comunicación y autora de “Querido adolescente, no es tu culpa”.

El libro apunta a una pregunta incómoda para familias, escuelas y plataformas: cuánto pueden decidir los adolescentes cuando la tecnología que usan todos los días fue diseñada para atraer su tiempo, medir su conducta y premiar cada nuevo gesto de permanencia.

La obra parte de una premisa: no se trata de culpar a los chicos. El título marca una posición ética y pedagógica. En vez de señalar con el dedo a quienes pasan horas frente al celular, la autora propone explicarles qué ocurre detrás de la pantalla, cómo operan ciertos estímulos, por qué cuesta cortar y de qué manera pueden recuperar margen de decisión.

De la acción social a la pregunta por la vida digital

Gutiérrez Eguía no llega al tema desde un laboratorio académico ni desde una consultora tecnológica. Su recorrido incluye 18 años de trabajo en relaciones institucionales y consultoría, y una etapa posterior dedicada a proyectos sociales.

En 2015 creó “Minigestos, niños solidarios en acción”. Luego dirigió programas de arte comunitario y desarrollo personal por los que pasaron cientos de chicos y chicas del área metropolitana de Buenos Aires (AMBA).

Ese trabajo territorial le permitió observar una escena repetida después de la pandemia del coronavirus: adolescentes con más dependencia del celular, menor tolerancia al aburrimiento, dificultades de atención y vínculos mediados por plataformas. A esa experiencia se sumó su mirada como madre de tres hijos adolescentes. La investigación posterior derivó en un libro breve, pensado para lectores de más de 12 años.

Un libro para adolescentes, pero también para adultos

“Querido adolescente, no es tu culpa” se presenta como una guía sobre los riesgos de la sobreexposición a pantallas. Aborda temas como dopamina, pérdida de libertad, dificultad para disfrutar experiencias fuera de línea, tristeza, depresión, déficit de atención, ludopatía, pornografía, trastornos de la alimentación, “grooming” y ciberacoso.

La segunda parte cambia el foco hacia la protección personal, los hábitos y la búsqueda de bienestar fuera de la lógica de las notificaciones.

El libro cuenta con aportes del psiquiatra Matías Bonanni y prólogo de la psicóloga Maritchu Seitún, quien destaca que la autora logra hablarles a los adolescentes sin adoptar el tono de sermón adulto. Esa elección de lenguaje resulta central: en temas digitales, muchas campañas fracasan porque subestiman a sus destinatarios o porque reducen el problema a una consigna de prohibición.

La apuesta de Gutiérrez Eguía va por otra vía. Busca ofrecer información accesible, sin infantilizar. En tiempos en que las plataformas usan diseño persuasivo, recompensas variables y métricas sociales, la alfabetización digital ya no puede limitarse al uso técnico de dispositivos. También debe incluir atención, deseo, autoestima, privacidad y salud mental.

La discusión pública sobre pantallas

El tema excede al ámbito familiar. Gobiernos, escuelas, pediatras, psicólogos y organizaciones sociales debaten cómo regular el uso de celulares en el aula, qué límites poner en la infancia y qué responsabilidad corresponde a las empresas tecnológicas. En la Argentina, esa conversación crece junto con la preocupación por la salud mental adolescente y por el impacto de la hiperconexión en el aprendizaje.

En ese contexto, el libro encontró circulación más allá de su edición inicial. Según me informó la propia autora, la obra superó los 4.000 ejemplares vendidos, tuvo más de 500 donaciones y llegó a una tercera impresión. También recibió reconocimiento legislativo: la Cámara de Diputados de la Nación expresó beneplácito por su publicación, y en la Ciudad de Buenos Aires avanzó una declaración de interés educativo.

La próxima etapa abre otra escala. La editorial Sat Nam incorporó el título a su catálogo internacional y lo presenta como un material sobre tecnología, adolescencia, adicción y salud mental. Esa salida global confirma que la pregunta no es local, aunque el recorrido de la autora sí tenga raíces argentinas.

El problema no es solo el tiempo de uso

Uno de los puntos más interesantes del debate actual es que el reloj ya no alcanza como única medida. Dos horas frente a una pantalla pueden tener efectos muy distintos según el contenido, el contexto, la edad, la finalidad y el estado emocional del usuario. No es lo mismo leer, crear, conversar con amigos o buscar información que quedar atrapado en una secuencia infinita de estímulos breves.

Ahí aparece el aporte de “Querido adolescente, no es tu culpa”: desplaza la discusión desde el reto hacia la comprensión. El mensaje no niega la capacidad de decisión de los chicos, pero tampoco la imagina en el vacío. Les habla en un escenario donde la economía de la atención convirtió cada pausa en oportunidad de captura.

Para las familias, el libro puede funcionar como punto de partida. Para las escuelas, como material de conversación. Para los adolescentes, como una invitación a mirar el celular con menos culpa y más conciencia. Ese matiz importa: nadie cambia un hábito si solo recibe reproches. Mucho menos si el hábito forma parte de su vida social, de su identidad y de sus códigos cotidianos.

Una intervención cultural

Esta obra traduce un problema técnico y social a un lenguaje de cercanía. La autora toma debates sobre diseño de plataformas, atención, dopamina y bienestar, y los lleva a una conversación posible entre adolescentes y adultos.

La pregunta de fondo seguirá abierta. Qué deben hacer las plataformas, qué límites deben fijar los Estados, qué rol tiene la escuela y cómo acompañan las familias sin caer en el miedo ni en la resignación.

Mientras esas respuestas se discuten, “Querido adolescente, no es tu culpa” propone una intervención concreta: hablarles a los chicos de frente, explicarles el juego y devolverles herramientas para decidir mejor. El libro puede adquirirse aquí.

En una época en la que el teléfono móvil ya no es un objeto externo sino una extensión de la vida cotidiana, ese gesto tiene valor público. No alcanza con apagar pantallas. Hace falta entenderlas. Y, sobre todo, hace falta que los adolescentes sepan que no están solos frente a ellas.

“Querido adolescente, no es tu culpa”


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César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano. Elegido por Social Geek como uno de los "15 editores de tecnología más influyentes en América latina".

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