Vuelve la familia mundial de Ariel y Ezequiel Scher con la Copa América


“Nada vale más que un sueño: somos hijo y papá, uno en Chile, otro en Argentina. Cuentos e historias de Chile 2015. Por Ariel y Ezequiel Scher”.

Así es la presentación de este dúo de periodistas en su página en Facebook, llamada Familia Mundial, donde publican relatos sobre la Copa América de fútbol que se juega este año en el país transandino.

El antecedente de esta experiencia es muy auspicioso, y lo puedes encontrar en la misma página.

Hace justo un año atrás, Ariel y Ezequiel, padre e hijo, respectivamente, decidieron hacer “una aventura periodística, comunicacional o como se llame” durante el Mundial de fútbol Brasil 2014, un espacio acerca de la cual te conté en esta nota.

Armaron esta página en Facebook, donde cada día Ezequiel publicó en 2014 una historia o un cuento desde Brasil, y este año, desde Chile, y Ariel, otro desde la Argentina.

Si no formas parte de Facebook puedes leerla sin problemas aquí.

Si utilizas Twitter, te sugiero agregar a Ezequiel (@zequischer) en los perfiles que sigues, porque en ese espacio avisa cuando se publica una nueva nota en Familia Mundial.

Copio abajo un extracto de una nota de la nueva etapa de Familia Mundial publicada completa aquí, escrita por Ariel:

Primer recuerdo de padre y de hijo en una Copa América: en 1993, en un departamento corto y porteño, uno de nosotros, el padre, gritó los dos goles campeones con los que Batistuta sacudió a Guayaquil porque la Copa se hacía en Ecuador y la final con México venía brava y el otro, el hijo, flameó en upa, gritando, también gritando, sin dominar el motivo preciso para estar gritando, pero contento porque a los dos años gritar es maravilloso y más maravilloso todavía es gritar junto al papá. Segundo recuerdo de padre y de hijo en una Copa América: en 1997, uno, el padre, le argumentó sin éxito al otro, el hijo, qué misterio tan gigante era eso de que en la altura de Bolivia, donde se escenificaba la Copa, “la pelota no dobla”. Otro más, entre cien recuerdos de padre y de hijo en una Copa América: en 2004, uno nos desesperamos porque la Copa se acabó en Lima y a Argentina se le fugó, en el último instante de la final frente a Brasil, un título que había rozado con las yemas, con los méritos y con el juego, y hubo que confesarnos, hundidos en un barro de incomprensión y de tristeza, que, a veces, ni en la existencia ni en la cancha es posible entender todo y que un padre no siempre puede consolar a un hijo y un hijo no siempre puede consolar a un padre. Último recuerdo de padre y de hijo en una Copa América: en 2011, no pudimos rumbear hacia el estadio de Colón la noche en la que la Selección apostaba mucho contra Uruguay porque la Copa América había regresado a la Argentina y, en lugares distintos pero con los párpados igualmente perplejos, las pantallas de los televisores nos castigaron mostrando que Carlitos Tevez fallaba un penal decisivo. “Afuera”, nos resoplamos a un solo tiempo y por teléfono porque, claro, estábamos afuera y porque, milagro, identidad o genética, a veces un hijo y un padre pronuncian lo mismo, lo mismo, lo mismo, a la vez.

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