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La fe en Cristo no transforma mi alimento sencillo en suculentos manjares,
pero me lleva a compartir lo poco que tengo con el pobre.

La fe en Cristo no convierte mi modesta casa en un palacio de lujo,
pero me ayuda a ser feliz en la vivienda que tengo.

La fe en Cristo no rodea mi cabeza con la aureola de un santo,
pero me levanta y me purifica cuando haya tropezado y caído en pecado.

La fe en Cristo no me garantiza una vida que dura cien años,
pero me alienta a vivir una vida plena, al servicio del prójimo.

La fe en Cristo no me traslada a la morada de los ángeles,
pero lo trae a Cristo a mi corazón.

La fe en Cristo no me enorgullece por el hecho de creer en él,
sino me hace humilde para recibir su gracia.

La fe en Cristo no me evita la muerte,
pero me da la certeza de la resurrección y la comunidad de los santos.

Señor Jesús, te agradezco poder creer en ti.
Mi fe depende de ti desde el comienzo hasta el fin.
Fortalece mi fe, para que pueda dar testimonio de tu amor.
Amén.

Johnson Gnanabaranam

Traducción: Karin Schnell (Argentina).

Fuente: Red Latinoamericana de Liturgia CLAI.

César Dergarabedian

César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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