Cuna de Dios

Mi vientre adolescente fue su primera cuna
y mis brazos jóvenes le dieron el primer abrazo,
mis lágrimas bañaron su rostro por primera vez
y mi voz de casi niña arrulló su primer sueño.

Aquella vida frágil, anunció de plenitud,
fresca presencia de Dios entre las gentes,
recibió la calidez y la ternura de mi maternidad,
y la navidad fue porque el amor le hizo espacio a la esperanza.

¿Si hubiese preferido que las cosas fueran diferentes?
¡Por supuesto! Madre sola, obligada a dejar el pueblo,
víctima de prejuicios e incomprensiones,
condenada a guardar en soledad el secreto de la divinidad,

sabedora de desilusiones por venir,
llamada a aceptar el dolor del abandono,
obligada a presenciar la muerte de la vida engendrada.,
elegida para acunar el misterio de la salvación.

Bendecida por esta extraña caricia de Dios,
mezcla de celestial ironía e inexplicable maravilla,
yo, María, una pobre mujer joven de Nazareth,
fui inundada de lo eterno y vi nacer la luz.

Quiera este mismo Dios de amor y vida,
paz y verdad, justicia y solidaridad,
que tu vida y la mía se hagan cuna
para recibir a Aquel que todo lo alumbra.

Gerardo Oberman

Fuente: Red Crearte.

Nota de R.: La imagen superior es un fragmento del icono de la Natividad del pintor y religioso medieval ruso Andréi Rubliov. Debajo, el icono completo, donde Jesús no aparece recostado en una cuna sino en un sepulcro.

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