¿Tiene futuro la microelectrónica en la Argentina?


En una conferencia en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Buenos Aires (UBA), especialistas debatieron sobre las posibilidades que tiene el sector electrónico local, en qué áreas existen oportunidades y la necesidad de una política industrial.

Según informó el amigo y colega Bruno Massare en una nota difundida por la agencia TSS, el título de la conferencia organizada el 25 de agosto por el Programa Interdisciplinario de la UBA para el Desarrollo (PIUBAD) hablaba por sí solo: “Microelectrónica en la Argentina, ¿es posible?”

En el salón de actos Humberto Ciancaglini, especialistas debatieron sobre el futuro de este sector pero también sobre los cambios que esta industria experimenta en el mundo, desde la consolidación de proveedores hasta las distintas especializaciones que surgieron en este mercado.

Los expositores fueron tres ingenieros, con la particularidad de que uno de ellos se dedica a la investigación, otro encabeza un centro de diseño de circuitos y el tercero integró una de los emprendimientos empresarios más relevantes de la electrónica local:

  • Pablo Mandolesi, investigador de la Universidad Nacional del Sur (UNS).
  • Daniel Musciano, jefe de Diseño de la filial local de Allegro MicroSystems.
  • Pedro Joselevich, ex gerente de Ingeniería de la División Electrónica de FATE.

El panel fue moderados por Luciano Cianci, del PIUBAD. Al final de las exposiciones hubo espacio para la discusión, en especial sobre la necesidad de una política industrial y de apoyar iniciativas para este sector, como en su momento fue la creación del Centro de Micro y Nanoelectrónica del Bicentenario (CMNB), impulsado por el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI).

Durante su exposición, Mandolesi buscó trazar un panorama del mercado de circuitos integrados y la cadena de producción que se mueve en el mundo y afirmó:

“Trabajar en un circuito integrado implica ser un engranaje de una maquinaria que termina en un producto”.

El investigador de la UNS hizo referencia a que, a diferencia de lo que ocurría hace unas décadas, áreas como las de diseño y fabricación de circuitos se manejan hoy de manera independiente en la mayoría de los casos. “Salvo Intel, ya no quedan empresas que hagan todo”, sostuvo.

Más allá de la excepción que constituye la firma estadounidense, Mandolesi diferenció los modelos de negocio de la microelectrónica:

  • Foundry (fabricación).
  • Fabless (foco en diseño de circuitos, pero sin fabricación).
  • Casas de diseño (ofrecen servicios de diseño y suelen ser subcontratadas por las fabless).
  • Propiedad intelectual (licencias).
  • EDA (siglas en inglés de diseño electrónico automático, conformado por empresas especializadas en software para diseño y verificación de circuitos).

Esta tendencia hacia la deslocalización de la producción, ya que un diseño de Buenos Aires se puede fabricar en Taiwán, diferencia claramente los tipos de negocio: mientras que el de diseño de circuitos electrónicos es de alto valor agregado y relativa baja inversión —principalmente en software de diseño y recursos humanos— el de fabricación es de gran escala y alta inversión, dado el alto costo de los equipos que necesita una foundry.

Actualmente, más de la mitad de las casas matrices de las fabless están en los Estados Unidos, según datos de la consultora IC Insights que citó el investigador.

Para Mandolesi, el mercado de los chips tiende a la consolidación —ya que varias de las empresas pequeñas y medianas del sector han sido absorbidas por las más grandes— y circuitos cada vez más complejos, lo que ha empujado las inversiones en diseño y en el uso de herramientas de software cada vez más sofisticadas.

“Una consecuencia de la consolidación es que las empresas grandes no son tan rápidas ni eficientes. Por ejemplo, Texas Instruments compró a un competidor y ahora no sabe cómo integrarlo dentro de la empresa. Esto significará una oportunidad para empresas más chicas, porque pueden salir a jugar en un área en la que las grandes no tengan un concepto claro y fuerte, y ganarles de mano”, sostuvo.

Musciano trabaja en Allegro MicroSystems, que junto con Clariphy Argentina en Córdoba son los principales centros de diseño de circuitos integrados en la Argentina. Ambas empresas trabajan para sus casas matrices en los Estados Unidos y, en el caso de Allegro, inició su actividad en la Argentina en el año 2001 y cuenta con más de 70 empleados, a los que se suman otros 10 en Uruguay.

“Yo salgo de acá, me encuentro un auto y tiene por lo menos cinco chips nuestros, sin exagerar”, dijo Musciano, quien encabeza un equipo que se especializa en el diseño de circuitos para la industria automotriz y la electrónica de consumo.

El responsable de que Allegro abriera un centro de diseño en la Argentina fue el ingeniero Alberto Bilotti, quien en la década del 70 fue el gerente de investigación y desarrollo de la División Electrónica de FATE, uno de los emprendimientos más relevantes y menos conocidos de la industria electrónica local, que fabricó y comercializó las calculadoras Cifra y MiniCifra, entre otros productos.

Joselevich recordó que la premisa para el desarrollo de calculadoras en esa empresa era que tenía que ser un producto diferente a los demás y con desarrollo industrial propio.

A las primeras calculadoras de escritorio y con impresor le siguieron versiones portables, máquinas de registro directo para contabilidad y prototipos de computadora, que en este último caso no llegaron a producirse.

Joselevich también hizo hincapié en el rol que jugaron las políticas públicas en el desarrollo de la firma, tanto para su creación como para su cierre.

“Las políticas de Estado fueron las que permitieron que existiera FATE Electrónica y también las que la destruyeron tras el golpe de Estado de 1976, cuando los aranceles de los componentes pasaron a ser más altos que los de una calculadora completa”, dijo.

¿Dónde está la oportunidad?

Hacia el final de las exposiciones llegó la pregunta del millón: ¿Qué oportunidades tiene la Argentina para insertarse en la producción de circuitos electrónicos?

Para Joselevich, “la microelectrónica requiere de condiciones especiales para ser un proyecto industrial viable. Fabricar circuitos integrados es muy costoso, demanda inversiones muy altas y tiene que hacerse de manera masiva. Pero creo que puede haber nichos en los que la Argentina puede posicionarse. Para eso hay que tener claro quiénes van a ser los usuarios y tener el acompañamiento de la política industrial”.

Mandolesi advirtió: “No todo tiene que hacerse con la tecnología más nueva, porque hay que evaluar los costos y beneficios que se van a obtener. ¿Y si puedo resolverlo con una tecnología que conozco mejor? No siempre la mejor decisión es usar la tecnología que a uno le gustaría, sino la que hace lo que se necesita”, dijo. Y resaltó la necesidad de “identificar sectores que puedan tener la necesidad de usar microelectrónica y asociarse con ellos para desarrollar un producto”.

Para el investigador de la UNS, el ecosistema local de electrónica ha crecido de manera sostenida durante los últimos tiempos, tanto a nivel empresarial como de instituciones de ciencia y tecnología —entre las que mencionó al INTI, el CONICET y la CNEA— y universidades como la UNS, la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), la Universidad de Buenos Aires (UBA), la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM) y la Universidad Nacional de La Plata (UNLP), entre otras.

También destacó iniciativas como la realización de la Escuela Argentina de Micro-nanoelectrónica, Tecnología y Aplicaciones (EAMTA). “Tenemos que lograr que los graduados tengan trabajo, que exista una demanda”, sostuvo.

Hacia el final del debate surgió el caso de Unitec Blue, la empresa que el grupo Eurnekián instaló en la ciudad bonaerense de Chascomús para producir tarjetas con chip y etiquetas de radiofrecuencia (RFID), y con el fin último de instalar una foundry, proyecto que fue descartado tras la compra de una planta en construcción en Brasil que todavía no fue inaugurada.

¿Existe en la Argentina escala para instalar una planta de este tipo? Mandolesi consideró que “si Unitec Blue se hubiera podido asociar con otros sectores de la economía más allá de las tarjetas de crédito o de las tarjetas para el sistema SUBE, como el sector de ganadería, tal vez podían lograr escala y hacer sustentable una foundry local”.

El presidente de la Fundación Argentina de Nanotecnología (FAN), Daniel Lupi, quien estaba entre los asistentes, coincidió en que “con el negocio de las tarjetas con chips no se puede mantener una foundry completa, sumado a que hoy el negocio de la fabricación está cambiando con el fuerte ingreso de China en este mercado”.

Según Lupi, “de un Gobierno que identificaba a la microelectrónica como algo estratégico para la industria pasamos a uno aperturista que no la ve de la misma forma y al que nos cuesta llegar con nuestro mensaje”.

Entre el público también se encontraba Alberto Anesini, otro ex ingeniero de FATE Electrónica con una amplia trayectoria en el INTI, quien reclamó: “Hemos dejado pasar un montón de mercados para la electrónica local. Desde el sistema SUBE y los aparatos en los colectivos, que son todos comprados en el exterior, hasta la televisión digital. Ahora se nos abre el mercado de energías renovables, los sensores para el agro y hasta la posibilidad de tener un auto eléctrico nacional, algo que es factible. Tenemos que pensar dónde hay oportunidades, pero eso no se puede hacer sin una política industrial”.

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