Bienaventuranzas


Bienaventuradas las personas que,
en medio del ruido y el caos de las ciudades,
son sensibles al llamado de Dios
y a las necesidades de sus próximos.
Bienaventuradas las personas
que ven y oyen a quienes andan a su lado,
a quienes van en el metro, en el colectivo, en el tren;
que tienen ojos, oídos, corazón
para los niños y niñas
y para la gente mayor, los ancianos, las ancianas.

Bienaventuradas las personas
que abrazan a sus compañeros y compañeras de trabajo,
a su familia, a sus hijos e hijas, a sus esposos y esposas.

Bienaventuradas las personas que visitan hospitales,
cárceles, hogares, asilos,
y que se detienen junto a quienes duermen en las calles.

Bienaventuradas las personas que no se aíslan,
que no se aturden con los ruidos de la sociedad de consumo,
que no se evaden ni se esconden en la masa.

Bienaventuradas las personas que escuchan el llamado,
que aceptan el desafío,
que disponen sus manos a servir
y sus pies a caminar
las mismas calles que otros y otras caminan.

Bienaventuradas las personas
que se mueven al ritmo de Dios.

Gerardo Oberman

A partir de un ejercicio colectivo para un devocional realizado en la Comunidad Teológica de México en el año 2012.

Fuente: Red Crearte.

Esta obra está licenciada bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-CompartirIgual 4.0 Internacional.

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