Errantes de Dios

Nuestros antepasados fueron arameos errantes,
caminantes de caminos duros,
buscadores de mundos mejores.

Nuestras madres alimentaron a sus hijos e hijas
mientras cruzaban desiertos
y cantaban y lloraban bajo el cielo abierto.

Nuestros hermanos y nuestras hermanas
sufrieron el desprecio y la opresión,
las cadenas, la esclavitud, el hambre
en tierras extrañas y desconocidas.

La solidaridad de Dios tomó cuerpo
en un niño que tuvo que migrar
por causa de odios y de persecución.

Las comunidades de fe, a lo largo de la historia,
fueron cuna de mujeres y hombres
venidos de lejos, los pies rotos,
las almas golpeadas, los ojos cansados,
pero despiertos los sueños de vidas buenas.

Errantes de Dios vamos y venimos
por esta tierra que es toda, entera,
casa bendita, hogar de la humanidad,
refugio de quienes peregrinamos
persiguiendo las promesas del pan que alcanza,
del techo que cobija, de la dignidad que abraza,
del trabajo que plenifica, de la abundancia compartida.

Migramos, caminamos, cruzamos mares,
trepamos muros, atravesamos fronteras,
rompemos los límites que se nos imponen
en una lucha sufrida por sobrevivir y vivir.

Errantes de Dios,
si la muerte no nos atrapa en la marcha,
buscamos aunque sea un pesebre
en el cual acunar las esperanzas
que nos negamos a perder.

Gerardo Oberman

Fuente: Perfil del autor en Facebook.

Fuente de la fotografía: Wikimedia

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