Suicidio: el factor de riesgo más importante es el antecedente de un intento no consumado


El suicidio es definido por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como “el acto deliberado de quitarse la vida”, y como “un acto de violencia, el cual genera para los individuos, las familias, las comunidades y los países, graves consecuencias, tanto a corto como a largo plazo, provocando efectos perjudiciales en los servicios de atención de salud”.

El suicidio es el acto por el que una persona de forma deliberada se provoca la muerte.

Por lo general es consecuencia de la desesperación derivada o atribuible a una enfermedad física; una enfermedad mental, como la depresión, el trastorno bipolar, la esquizofrenia o el trastorno límite de la personalidad; el alcoholismo o el abuso de sustancias.

Sin embargo, el factor de riesgo individual más importante es el antecedente de un intento de suicidio no consumado, aunque muchas veces influyen otros como las dificultades financieras, los problemas en las relaciones interpersonales o el acoso psicológico.

La OMS estima que en el mundo se suicidan por año un millón de personas, es decir que se registra una tasa de 16 por 100 mil.

El número aumenta en forma considerable en adolescentes y jóvenes y es un acto que se da más en hombres que en mujeres.

El suicidio es una de las tres primeras causas de defunción en el grupo de personas de entre 15 y 44 años y es la segunda causa de fallecimientos en el grupo de niños y jóvenes de entre 10 y 24 años.

En la Argentina, de acuerdo a las últimas cifras del Ministerio de Salud de la Nación, el suicidio tiene una tasa del 7,2 por 100.000 habitantes.

La cifra supera la de muerte por homicidios, que actualmente es de 5,2.

“Algunos indicadores que pueden dar las personas que atraviesan una situación de riesgo es la retracción de los vínculos sociales, el aislamiento y también la irritabilidad con los más cercanos como familiares y amigos. A su vez, las alteraciones en el ciclo del sueño – dormir durante el día y estar despierto por la noche –y la anhedonia o pérdida del deseo, son también signos de alarma a los que debemos prestarle atención. Lo mismo cuando hay reiteradas alusiones a la muerte, amenazas de suicidio o sentimientos de angustia y desesperanza”, explicó Horacio Vommaro, médico psiquiatra y director de psiquiatría y salud mental del Instituto de Neurociencias Buenos Aires (Ineba).

En un comunicado que me envió este centro asistencial, se recomienda evaluar la red vincular, comenzando por la familia y los vínculos significativos.

En los intentos o suicidios de menores hay que considerar el sentimiento de desvalimiento, de desauxilio, de desayuda correspondiente a sentir que el otro del cual dependen los cuidados básicos no responde al llamado.

Según el Ineba, en la prevención del suicidio hay que tener en cuenta la modalidad clínica con la que se presenta.

En ningún caso hay que banalizar el intento suicida, ya que el 20% de las personas que lo intenta una vez, vuelve a realizarlo al cabo de un año y el 50%, luego de cinco.

“Es muy importante pedir ayuda lo más tempranamente posible y recurrir a una consulta con un profesional a pesar de la reticencia que se expresa frecuentemente. A su vez, los familiares y amigos deben acompañar con cariño y paciencia, contener y no exigir a la persona que salga de ese estado de manera repentina”, recomendó Vommaro.

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