Ayuno de redes, e-mail, llamadas y mensajería: capítulo 1° de 2020

A partir de este 19 de febrero y hasta el 25 del mismo mes, este blog entra en un modo especial: vacaciones y desde un teléfono móvil.

Dios mediante, viajaré junto a mi familia desde Buenos Aires, donde resido, hacia la ciudad rionegrina de Viedma, donde permaneceré hasta el 25 de febrero.

En esta ciudad patagónica, que habría sido la Capital Federal de la Argentina en la década del 80 si hubieran prosperado los planes del ex presidente Raúl Alfonsín de trasladarla desde Buenos Aires, pasaré mis vacaciones y para participar en un compromiso familiar especial.

En esta ocasión aplicaré un ayuno de redes sociales, e-mail, llamadas y mensajería instantánea, similar al que realicé en noviembre de 2019, y sobre el cual te conté en esta nota.

Mantendré la meta de desconectarme de las redes sociales y el correo electrónico, y no realizar ni llamadas telefónicas ni mensajes instantáneos con fines laborales.

Viajaré con tres teléfonos móviles; dos de ellos con líneas activas con diferentes operadores.

No se trata de un ayuno completo de teléfonos móviles o tabletas, porque, como explicaré más adelante, recurriré a ellos con fines creativos o turísticos.

Resoluciones de un ayuno digital

Para alcanzar la meta, adoptaré las siguientes resoluciones:

  • Habilitaré la herramienta de no molestar y/o no interrumpir en los teléfonos móviles desde la salida del aeropuerto de Viedma hasta mi regreso al Aeroparque porteño. De esa manera, sólo estaré disponible para llamados de mi familia y algunos amigos.
  • Como te expliqué en esta nota, tengo deshabilitadas desde hace más de un año la aparición de notificaciones de cualquier tipo de aplicación o servicio o correo electrónico o redes sociales en las pantallas de los teléfonos móviles.
  • Configuraré el modo automático de descarga por Wi-Fi de las actualizaciones de aplicaciones.
  • No me conectaré a Internet usando una PC en mis lugares de hospedaje, o en un locutorio o en un “ciber”.
  • Desde que saldré de mi casa y hasta el 26 de febrero, cuando me reintegraré al trabajo, no leeré el correo electrónico, salvo para chequear si hice un consumo con tarjeta de crédito para ver la notificación correspondiente que me llegará por e-mail.
  • En ese mismo lapso, tampoco atenderé llamadas vía operador móvil o WhatsApp, salvo las que me realicen mi familia y parientes.
  • Tampoco ingresaré a leer y responder y enviar mensajes instantáneos en WhatsApp y Messenger de Facebook, ni voy a interactuar en redes sociales.
  • Desde el 19 y hasta el 25 de febrero estará habilitada una respuesta automática en mis casillas de correo electrónico.
  • Mis ventas en Mercado Libre estarán suspendidas hasta el 25 de febrero inclusive.
  • No leeré diarios en ningún tipo de soporte físico o digital, tampoco escucharé radio o miraré televisión por vía tradicional o por Internet.
  • Si en un restaurante o confitería hay un televisor, me pondré de espaldas a él.

Por supuesto, abandonaré el ayuno en el caso de una emergencia personal, parental o en la zona donde estaré, como por ejemplo la erupción de un volcán, como sucedió con el Puyehue el 4 de junio de 2012.

«Permitidos» de un ayuno digital

No será un ayuno digital «in extremis», porque lo flexibilizaré con los siguientes «permitidos»:

  • Durante las vacaciones no me desprenderé por completo de los teléfonos móviles, porque en ellos realizaré mis lecturas diarias de la Biblia, tomaré fotos y videos, consultaré los mapas de la zona que descargué antes de viajar, y tomaré algunas notas referidas a los paseos.
  • También recurriré a los teléfonos cuando deba usar un sistema de pagos con código QR para realizar una transacción.
  • Llevaré un lector electrónico Kindle para dedicarme a la lectura de libros.
  • Escucharé algo de música y miraré algunos videos en YouTube de «trekking» en el Karakorum y alrededor del Annapurna, sueños que espero concretar alguna vez.
  • Me conectaré por Wi-Fi en el lugar de hospedaje después que el sol se haya ocultado, para actualizar el sistema operativo y el software de seguridad y realizar además una copia de seguridad de las fotografías y videos que tome durante el día con los teléfonos y sincronizar las métricas registradas por el reloj “inteligente” FitBit Versa.
  • Aprovecharé ese tiempo de conexión nocturna para consultar el pronóstico meteorológico en AccuWeather, programar una nota diaria desde un móvil en este blog (más sobre esto más adelante), y el día anterior al regreso haré el chequeo previo del vuelo en alguno de los teléfonos.
  • Las únicas redes sociales que utilizaré en forma restringida serán Instagram y Facebook. La primera de ellas será la plataforma para contar durante el día algunas crónicas del viaje. Para ello usaré las historias («stories») de Instagram.
  • Recurriré a Facebook sólo para consultar los cumpleaños que haya en el día y saludar luego a los amigos y conocidos «cumpleañeros».

Las publicaciones que leerás en este blog y en mis perfiles en redes sociales y en uno de mis dos canales de YouTube fueron programadas antes del viaje.

También publicaré notas a partir de las fotografías, videos y textos publicados en las historias de Instagram.

La Agenda TIC de este blog se actualizará recién el 27 de febrero.

Beneficios de un ayuno digital

¿Por qué repito esta experiencia? La respuesta es sencilla: por los beneficios que tuve en 2019 y sobre los cuales te conté en esta nota.

Te los resumo así: Cabeza despejada, mente más enfocada, espíritu relajado, mayor resistencia física.

Con esta práctica busco elevar la calidad de mi tiempo de descanso. Al desconectarme en esos días de vacaciones en 2019 aumenté notablemente mis niveles de concentración y enfoque en las tareas recreativas y de ocio, sin dispersarme con pulsiones por publicar en redes sociales u otros espacios, como este blog.

Uno de los neurotransmisores del cerebro es la dopamina, que domina el centro del placer, porque regula la motivación y el deseo y hace que repitamos conductas. La dopamina explica parte de la adicción que producen las redes sociales.

En este ayuno, la dopamina aumenta pero no por un “me gusta” en redes sociales, con un efecto de satisfacción instantánea, sino cuando fotografío un paisaje o el detalle de una vegetación de la zona o el vuelo de un ave sobre un río o el mar, o cuando me detengo en las caminatas a gozar del silencio de sonidos humanos, a excepción de mi respiración, en medio de la costa.

Al desconectarme regularizo mi ritmo del sueño y duermo profundamente.

Al suspender durante estos días los estímulos virtuales que provocan la activación de la dopamina, relajo a mi cerebro, y agudizo mis sentidos al entorno humano y natural y disfruto estos días de vacaciones de forma más intensa.

A mi regreso a Buenos Aires te contaré cómo me fue. Mientras tanto, podrás leer a diario en este blog la frase del día, y una foto y un video, y, como ya mencioné, notas armadas a partir de mis publicaciones en las historias de Instagram del día anterior.

PD: El «Capítulo 1» del título de esta nota se refiere a que habrá uno o más capítulos porque espero repetir la experiencia del ayuno en otras vacaciones que me tomaré más adelante este año.

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