Coronavirus: la desigualdad revelada

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La pandemia provocada por el nuevo coronavirus ha puesto al mundo a repensar los modelos sanitarios imperantes y a cuestionar las lógicas neoliberales y mercantilizantes de la salud, que lejos de responder de manera eficaz ante la crisis han puesto en evidencia y profundizado las desigualdades sociales.

Referentes de las ciencias sociales y de la salud reflexionaron sobre los desafíos que la pandemia representa para los sistemas de salud a partir de las realidades particulares de tres grupos que identificaron como los “vulnerables de los vulnerables”: aquellas personas que viven en situaciones de encierro, ya sea en manicomios, cárceles o geriátricos, en especial aquellos para adultos mayores de bajos recursos.

“Estos tres grupos poblacionales merecen una atención especial porque son de los que nunca se habla y los que pagan la cuenta mayor”, afirmó el neurólogo y psiquiatra italiano Benedetto Saraceno, durante un conversatorio impulsado por la Universidad Nacional de San Martín (Unsam) y la Universidad Nacional de Lanús (Unla).

“Tenemos que trabajar hacia una periferización de todo el proceso de salud. Cuánto más local sea la salud, más costo-efectiva y eficaz será y con más posibilidades de estar democratizada”, destacó este especialista en psicología social, epidemiología y salud pública.

Saraceno se refirió a la experiencia vivida en el norte de Italia, cuando comenzaron los primeros casos por la Covid-19, y se refirió a la “pobreza de respuesta” por parte de organismos internacionales a cargo de la salud global.

“La falta de preparación, las respuestas tardías y fragmentadas durante la pandemia han sido y siguen siendo evidentes en todo el mundo, con algunas diferencias entre países y con la virtuosa excepción de Corea del Sur”, afirmó este médico que trabajó para la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre 1996 y 2010.

Y agregó que la palabra “pandemia” tampoco está contemplada entre los objetivos de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas, a pesar de que el riesgo de la aparición de un virus como el actual ya había sido advertido por epidemiólogos.

“La respuesta de la OMS ha sido técnicamente aceptable pero con cierta falta de capacidad de comunicación y autoridad. Ni hablar de la respuesta de la Unión Europea, fragmentada y muy poco solidaria entre los países miembros”, sentencia este especialista que dirige el Centro Colaborador en Salud Mental de la OMS en la Universidad de Ginebra, en Suiza.

Saraceno, que también es profesor en la Universidad de Lisboa, advirtió que “la excelencia clínica no garantiza la del sistema. Esto nos remite a la relación entre democracia y salud, y lo que hemos aprendido en esta crisis y en el desastre de la respuesta italiana es la falta de democracia en el sector de la salud”.

Propuso, como “uno de los grandes objetivos del después de la pandemia”, buscar el fortalecimiento de la medicina local y de la atención primaria, desde “una concepción general y compleja del sistema de salud, que proporciona un servicio accesible, cercano, culturalmente apropiado, disponible y donde la demanda de salud de la comunidad se encuentra con una respuesta solidaria, competente, capaz de reconocer y tratar problemas”.

Neoliberalismo, patriarcado y globalización

“La pandemia acude, en general, al discurso médico tradicional, en algunos casos muy correcto y científico, muy basado en evidencias, pero cuando se refiere a la política de salud sigue siendo muy verticalista y poco sistémico. Se mira el funcionamiento de un hospital, de un sistema de extracción y manejo de muestras, pero no el manejo del conjunto del sistema sanitario”, dijo Hugo Mercer, secretario de Investigación del Instituto de Ciencias de la Rehabilitación y el Movimiento de la Unsam.

Así como la pandemia llama la atención sobre los sistemas de salud, también invita a reflexionar sobre cómo está afectando al modo de organización social y a desigualdades que se han vuelto más evidentes con la crisis.

“Ese modo de organizar, basado en la inequidad, fracasó en el norte italiano y en los países ricos. Sería lamentable que nuestro país no aprovechara esta oportunidad para tratar de corregir y colocar, en un rumbo beneficioso para el conjunto de la sociedad, no solo los servicios de salud, sino también la organización del trabajo y las formas de relaciones interpersonales”, agregó Mercer, que es sociólogo y especialista en políticas públicas para el área de salud.

Al respecto, la socióloga feminista Dora Barrancos invitó, durante este encuentro virtual que contó con más de 500 inscriptos, a repensar los valores del modelo capitalista y neoliberal imperantes en el mundo actual y a las desigualdades que ha dejado al descubierto la pandemia.

Barrancos sostuvo que el escenario actual ofrece dos posibilidades a futuro: volver a un Estado de bienestar que redistribuya, proteja y brinde condiciones de vida igualitarias, y “que haga retroceder, completamente los valores patriarcales de nuestras sociedades”.

Durante su intervención, el antropólogo Alejandro Grimson enumeró cinco desigualdades constitutivas de la Argentina que se ven exacerbadas con la pandemia: la distributiva o de clase, la de género, la territorial, la étnica/racial y la de la edad. “Todas están afectadas por la pandemia, porque como decía –el sociólogo Zygmunt– Bauman, no solo hay una desigual distribución de los bienes, sino también una desigual distribución de los males”, dijo el investigador y consideró “fundamental” poder pensar cuáles serán los impactos en el corto y mediano plazo, tanto en la cultura como en las subjetividades que están siendo modificadas por la pandemia.

“El mundo nunca será como antes, lo que nos permite trabajar para construir en esta crisis una oportunidad política y ética, para que el mundo por venir no sea uno centrado en la especulación financiera sino en los seres humanos, en la igualdad, la democracia y la justicia”, concluyó Grimson.

Vanina Lombardi

Agencia TSS.
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