Gracias, Diego Maradona, por los años que marcaste en mi vida

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El 2020 será recordado por la pandemia del coronavirus y porque el 25 de noviembre de este año funesto murió Diego Maradona, el mejor futbolista argentino de la historia y quien alegró y embelleció mi vida y la de millones de argentinos y de personas en todo el mundo con sus goles y talento en los mundiales de fútbol de 1979 (juvenil de Japón) y de 1986, cuando condujo a la Argentina a su segundo Mundial.

El fallecimiento de Diego a los 60 años en una casa en el norte del Gran Buenos Aires abrió el cajón de los recuerdos personales felices e imborrables.

Te los comparto a continuación, en esta nota escrita como una vía para procesar el dolor por la partida de uno de mis compatriotas más famosos.

Al mismo tiempo que expreso mis respetos y condolencias para sus seres queridos y parientes.

La noche del gol contra Resto del Mundo

Vi una sola vez a Maradona jugando en una cancha: fue el 25 de junio de 1979, en un partido de celebración del primer aniversario de la conquista del Mundial 1978 por parte de la Argentina.

En una noche de invierno, en el estadio Monumental de mi querido River Plate repleto de personas, el equipo albiceleste perdió por 1 a 2 ante un conjunto de jugadores de diferentes países, denominado Resto del Mundo.

Estuve esa noche en la tribuna San Martín alta. Una semana antes del partido, junto a unos amigos había hecho una vigilia de casi 12 horas (incluyendo toda una noche) en la calle Uruguay, para conseguir una de las entradas al partido que se vendía en de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA).

La fila comenzaba en la sede de la AFA en la calle Viamonte y daba vuelta a la manzana. Yo tenía 14 años.

Esa noche del 25 de junio, Diego hizo uno de sus mejores goles con la albiceleste:

El grafiti brasileño cuya fotografía ilustra el inicio de esta nota refleja el festejo de Diego esa noche luego de ese bello gol…

El maravilloso Mundial de Japón 1979

Ese mismo año 1979, Diego condujo a una de los mejores seleccionados argentinos de todos los tiempos, el equipo que ganó el Mundial Juvenil de Japón.

Los partidos se jugaban en la madrugada argentina. Estudiaba en la escuela Normal N° 2 Mariano Acosta en el barrio porteño de Once.

En los últimos partidos y en la final contra la Unión Soviética las autoridades del colegio pusieron televisores en las aulas para ver las maravillas de Diego junto a Ramón Díaz y compañía.

El 7 de septiembre, luego de la consagración, las autoridades del colegio autorizaron que saliéramos a festejar.

Sin embargo, nos llevaron en la línea A del subterráneo a Plaza de Mayo para sumar asistentes cuando saliera el dictador Jorge Rafael Videla desde un balcón de la Casa Rosada a festejar el segundo título mundial del fútbol argentino. Tenía 15 años.

El dolor de 1982

En 1982 mi madre, Martha Laurencena de Dergarabedian, invirtió una parte de sus ahorros en la compra de un televisor color, el primero que tuvimos, para ver el Mundial de España.

El horror de la guerra por las islas Malvinas tiñó de luto al debut mundialista de Diego, quien al frente de la Argentina no pudo evitar la eliminación ante Brasil el 2 de julio de 1982.

Esa eliminación fue un par de semanas después de la rendición argentina en las Malvinas. Tenía 17 años.

El mismo televisor de 1982 para la gloria de 1986

Pero el fútbol da revancha y vaya si así fue con Diego. Delante de ese mismo televisor comprado en 1982, mi madre y yo nos largamos a llorar de emoción y alegría por el segundo tanto de Diego a Inglaterra.

El mejor gol de la historia del fútbol quedó grabado en la memoria de millones de personas el 22 de junio de 1986, en los cuartos de final del Mundial de México 1986:

Nunca me cansaré de ver ese gol que significó tanto en ese momento, cuatro años después de la derrota en las Malvinas.

Diego siguió su obra de talento majestuoso en la semifinal contra Bélgica, quizás su mejor partido en el seleccionado argentino, el 25 de junio de 1986:

Y aunque no marcó tantos en la final contra Alemania Federal, Diego asistió a Jorge Burruchaga para que consiguiera el gol de la gloria el 29 de junio de 1986. Tenía 21 años.

Fue el cenit deportivo de Diego. Pocas veces vi tanta alegría casi unánime en la Argentina.

Nos sentíamos en la cumbre del mundo, algo que habíamos experimentado en parte en 1978.

Sin embargo, el contexto era muy distinto, sin una dictadura cívico militar de por medio y celebrando en democracia.

Una digresión: en los años 2000 y 2016 recorrí el estadio Azteca, escenario de esas hazañas, donde hay una placa que homenajea a Maradona, además de un lugar destacado en el recorrido para turistas.

El inolvidable 1990

El Mundial de Italia 1990 yo ya estaba casado y mi esposa Cristina, embarazada gestando a nuestra primera hija, María, quien nació en febrero de 1991.

Una coincidencia entre ella y Diego: el 11 de octubre de 2008 fui a la morgue del hospital de San Fernando, en el norte del Gran Buenos Aires, a reconocer el cuerpo de María después de su muerte ese día en un accidente de tránsito. Y fui a buscarlo al día siguiente al mismo lugar donde este 25 de noviembre de 2020 se encontraba el cadáver de Diego.

Vuelvo a 1990: El equipo argentino era inferior en calidad y juego al de 1986, pero Diego se iluminó y asistió magistralmente a Claudio Caniggia para eliminar a Brasil en octavos de final el 24 de junio de 1986. Tenía 23 años y fue uno de los goles que más grité en mi vida.

La Argentina se cobró revancha así de la eliminación de 1982. Y en la semifinal ante Italia, el país organizador, Diego hizo el penal de la victoria en el desempate por esa vía, aunque el héroe de esa noche fue Sergio Goycochea, quien detuvo dos tiros desde los 12 pasos.

La final contra Alemania Federal fue un ejercicio de supervivencia del equipo albiceleste que fracasó en los últimos minutos con un penal polémico.

La derrota no impidió que ese 8 de julio de 1990 saliéramos a la calle para agradecer a Diego y sus compañeros, por su entrega y compromiso.

El dolor de 1994

El Mundial de Estados Unidos 1994 fue el último que jugó Diego. Yo trabajaba en la agencia de noticias Interdiarios, en la mejor redacción que integré en mis hasta hoy 34 años de trayectoria profesional en el periodismo.

Un equipo especial que conducía con un trabajo excelso mi amigo y compañero Ariel Scher, y que tenía al querido Daniel Aller como enviado especial en el país norteamericano, contagió al resto de la redacción de la alegría y esperanza que despertaba ese maravilloso equipo que conducía Alfio Basile,

Scher es el autor de este hermoso libro de relatos:

Ese seleccionado nos regaló uno de los festejos más famosos de Diego, el de su gran gol contra Grecia en la fase de grupos, el 21 de junio de 1994. Tenía 29 años.

Pero esa redacción se apagó en dolor, un anticipo de lo que vive la Argentina este 25 de noviembre 26 años después, cuando se informó el doping positivo de Diego en el partido ante Nigeria, un caso que mis colegas Alejandro Wall y Andrés Burgo relatan en su excelente libro «El último Maradona».

El 30 de junio de ese año, Diego dijo: «No me drogué, me cortaron las piernas». Una de sus tantas frases que merecen una antología en forma de libro.

La tarde de un día 10 de 2010 con el 10

Diego se retiró del fútbol en 1997. Nunca me enganché en esas farsas de tribunales mediáticos que cuestionaron su vida. Tampoco me encolumné detrás de las odas de quienes lo idolatraban, como sucedió, por ejemplo, en su último cumpleaños, el 30 de octubre, cuando festejó sus 60 años y algunos decían Feliz Navidad…

Sólo vi dos veces a Diego. Una ya te la conté, fue en 1979. La otra ocasión que vi al mejor 10 de la historia del fútbol fue el 10 de abril de 2010 (si hubiera sido en octubre hubiera sido la combinación decimal perfecta…). Tenía 45 años.

Puedes leer ese encuentro cara a cara con Diego, a pocos meses del Mundial de Sudáfrica 2010 donde dirigió al seleccionado argentino, en esta nota que publiqué en un prototipo de blog que tuve antes de Bahía César:

Gratitud en medio de la tristeza

Termino este relato acerca de Diego con cuatro videos, uno de homenaje y tres que reflejan muy buen mi sentimiento mientras termino esta nota.

Uno es de la FIFA que recorre algunos de los mejores momentos de su carrera y que miro entre lágrimas de nostalgia y gratitud por Diego:

El siguiente video es conmovedor: Jorge Valdano, quien compartió la delantera con Maradona en México 1986 y uno de los mejores exfutbolistas a la hora de expresarse, se queda sin palabras al recordar a su ex compañero de equipo:

El siguiente video simboliza, como el anterior, lo que sentimos millones de personas. Es el abrazo que Marcelo Gallardo, el entrenador de River, le dio el 28 de septiembre de 2019 a Diego antes del partido entre Gimnasia y Esgrima de La Plata perdió 0-2 de local ante mi club.

Y el último video es un símbolo de la semilla sembrada por Diego. El defensor argentino Nicolás Tagliafico pidió este 25 de noviembre a su club, el Ajax de Holanda, que la entrada en calor antes del partido contra el Midtjylland por la Champions League, sonara la canción Live is Life, de Opus, el himno que Diego inmortalizó con su magia en Napoli.

El club holandés, que en su perfil en Twitter rindió tributo a Maradona, aceptó la idea.

Mientras se ejercitaba, Tagliafico homenajeó a Diego con el baile que el 10 hacía antes de jugar:

Gracias, Diego, por todos estos años que marcaste mi vida con tu huella imborrable de genialidad.

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