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La Comisión Nacional de Energía Atómica (CBDEA) y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) trabajan en el desarrollo de una plataforma que permitirá optimizar tratamientos oncológicos a partir del uso de nanomateriales, creados con nanotecnología. Una de las aplicaciones que prueban podría utilizarse para evaluar la potencial respuesta de un paciente frente a diversas terapias.

La utilización de nanomateriales en medicina es un área que ha recibido mucho interés e inversión en las últimas décadas debido a su gran potencial para mejorar la eficacia de medicamentos y terapias.

Es el caso de las nanomedicinas, que funcionan como vehículos diminutos que llevan el principio activo en su interior y lo conducen hasta las células en las que debe actuar.

En cáncer, por ejemplo, esto ofrece una ventaja importante con respecto a los tratamientos tradicionales porque actúa de forma más precisa sobre el tumor y disminuye sus efectos colaterales.

Nanotecnología y nanomedicina

Sin embargo, todavía son pocas las nanomedicinas que han llegado al mercado: se estima que, en todo el mundo, han sido aprobadas unas cincuenta para distintas patologías, de las cuales solo una decena corresponde al área oncológica.

Investigadores del Instituto de Nanociencia y Nanotecnología (INN), perteneciente a la CNEA, y el Conicet trabajan en el desarrollo de una plataforma con dos aplicaciones destinadas a mejorar los tratamientos oncológicos.

Por un lado, permite diseñar y fabricar nanomedicinas de mayor calidad. Por el otro, a partir de una pequeña muestra de biopsia, permite evaluar las posibles respuestas que tendría un paciente ante distintos tratamientos para seleccionar el más efectivo.

“Las nanomedicinas son como pequeños envases inteligentes donde uno puede introducir una droga para protegerla y lograr que se acumule mejor en los tejidos enfermos. El problema es que fabricarlas es un procedimiento complejo y, a pesar de la intensa investigación en el área, no hay muchos productos que hayan logrado superar las barreras técnicas para llegar a los pacientes”, dijo a TSS la doctora en Ciencias Biológicas Lucía Policastro, investigadora de CNEA y Conicet en el INN, y titular del proyecto.

Los científicos vienen trabajando desde hace varios años en el desarrollo, denominado Plamic (Plataforma Microfluídica). La microfluídica es una tecnología que permite el manejo de los fluidos en el orden de los micro o nanolitros, ya que en esta escala es posible controlarlos con mayor precisión.

Se utiliza, por ejemplo, para el diseño de chips con diversas aplicaciones. En abril, el proyecto fue uno de los tres ganadores del concurso Innova Salud, realizado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación de la Nación, con el apoyo del laboratorio MSD Argentina (Merck, Sharp & Dhome).

El equipo decidió trabajar en tratamientos para el cáncer para aprovechar la experiencia en investigación en el área, pero la plataforma también podría usarse para otras patologías y también tendría aplicaciones en otros ámbitos, como la cosmética, nutraséutica y el agro.

Se trata de una plataforma que permite la generación de sistemas conocidos como lab-on-a-chip, dispositivos que contienen varias funciones propias de un laboratorio en un único chip.

Aplicaciones basadas nanotecnología

Las dos aplicaciones elegidas por los investigadores para presentar al concurso, por su grado de avance, son NanoSIN y NanoSEN. “La primera es un servicio de desarrollo a medida para ‘vehiculizar’ una droga candidata. Entonces, nosotros estudiamos esa molécula, hacemos el prototipado (esto es, hacer muchas formulaciones en poco tiempo para definir cuál es la mejor estrategia para encapsularla) y los ensayos para evaluar su efectividad”, explicó Policastro.

Investigadores del Instituto de Nanociencia y Nanotecnología (INN). Foto: INN-CNEA-Conicet.

NanoSEN es un chip que, a partir de una muestra obtenida de una biopsia, permite testear cómo respondería ese paciente a las posibles terapias que hay disponibles. El resultado sería más personalizado y preciso que cuando un médico realiza algunos estudios genéticos y, a partir del patrón de expresión de los genes, se asignan tratamientos estandarizados.

El objetivo de los investigadores es terminar el dispositivo y posteriormente transferirlo a centros de salud y laboratorios de análisis para que brinden el servicio. “Actualmente, no hay dispositivos similares en el mercado. Otra ventaja importante es que funciona con una cantidad muy pequeña de muestra”, dijo la investigadora.

El equipo está compuesto por científicos de diversas disciplinas, como biología, farmacéutica, química, ingeniería y biotecnología, que pertenecen al Laboratorio de Nanomedicina de la Gerencia de Desarrollo Tecnológico y Proyectos Especiales de la Gerencia de Área de Investigaciones y Aplicaciones No Nucleares de la CNEA. Además, cuentan con la colaboración de otros investigadores, como Juan Martín Cabaleiro, del Laboratorio de Fluidodinámica de la Universidad de Buenos Aires.

Los investigadores realizan pruebas de concepto en el desarrollo, lo que implica desafiar a la plataforma a encapsular distintas drogas para validar su capacidad y potencialidad. También estudian cómo realizar la transferencia a la industria, teniendo en cuenta los marcos regulatorias de la industria farmacéutica.

“NanoSIN está en una etapa avanzada y, con un poco de inversión inicial por parte de alguna empresa que esté interesada, ya podríamos empezar a hacer estudios de desarrollo a medida. NanoSEN está en fase intermedia-avanzada y estamos trabajando en terminar el dispositivo”, finalizó Policastro.

Nadia Luna

Agencia TSS.

César Dergarabedian

César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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