Federer en medio de una noche bien argentina


Anoche vi el primero de los dos partidos de exhibición de Roger Federer en la Argentina. Esta mañana, un miembro de la comitiva del suizo me contó sus experiencias. No puedo dar su nombre real para preservar la fuente, pero lo identificaré como Paul.

Este hombre, que acompaña a Federer en sus viajes como colaborador en temas de logística, quiso vivir el primer partido como un aficionado más. Pidió permiso a su jefe, y abordó un tren de la línea Mitre en la estación Retiro, en dirección a Tigre, cerca del estadio.

Sorprendido porque nadie le pidió boleto, debió cambiar de andén y trenes varias veces antes de partir en un vagón, atestado de personas y sin aire acondicionado.

Cuando llegó a Tigre, le llamó la atención la limpieza de la zona y los carteles que indicaban cómo llegar al estadio.

Luego de caminar más de un kilómetro desde la estación, Paul comenzó una serie de filas que culminaron en una de 200 metros para ingresar a la tribuna C. Hacía mucho calor, pero ese sector tenía sombra. Guillermo Vilas y José Luis Clerc ya jugaban el partido previo.

Algunos espectadores le contaron al visitante que habían necesitado varias horas para llegar con sus automóviles, encontrar un lugar para estacionar e ingresar al estadio tras una larga espera bajo el fuerte sol.

El extranjero  miró con temor la estructura del estadio, montado sobre andamios en una playa de estacionamiento. Parecía un castillo de naipes muy inseguro para albergar unas 20 mil personas.

Paul quiso comprar algo para comer. Pagó 30 pesos por una hamburguesa que fuera del estadio no pasa los 20 pesos, y unos 20 pesos por una lata de gaseosa que en cualquier kiosko común no supera los 7 pesos.

Al final, logró ubicarse en su lugar. No era una platea o butaca sino un tablón de madera con marcas y números en rojo con pintura que estaba fresca. A la salida vio un guante de un operario y un rodillo con pintura en uno de los andamios.

Rodeado de simpatizantes de su jefe procedentes de naciones vecinas de la Argentina, como Chile, Uruguay y Paraguay, y de localidades del interior profundo del país, como la pampeana Victorica, Paul levantó las cejas con muchas sorpresa cuando vio que en la tribuna A, que estaba enfrente a la suya, cedieron algunos tablones, generando una estampida de personas hacia otros lugares. No hubo heridos graves ni víctimas por misericordia de Dios…

Un ratito antes, se lo veía a Juan Martín Del Potro, el rival de Federer, para ingresar a la cancha, pero por los tablones que cedieron se debió postergar el inicio del partido.

Para tapar el escándalo de la tribuna débil, comenzaron a emitir por unas pantallas paupérrimas, pequeñas y de mala definición unos videos con un audio deficiente, con saludos de Diego Maradona, Gabriela Sabatini, Luciana Aymar y Emanuel Ginóbili para Del Potro y Federer, así, en ese orden. “Roger es la máquina más perfecta que se haya visto jugar al tenis”, dijo Maradona.

Paul preguntó quién era el hombre que salió también por videos varias veces. “Es el intendente de Tigre, Sergio Massa”, que el día anterior había hecho esperar una hora al suizo para el inicio de su conferencia de prensa…. Massa se dedicó a hablar de sus logros… los de él, no los de Federer…

Habituado a estas exhibiciones, Paul me dijo que recordará siempre la de anoche por muchas singularidades-

Por ejemplo, nunca antes había escuchado que una multitud en un estadio le gritara “cornudo” y silbara al improvisado conductor de la previa al partido, Jorge Rial, quien no supo conducir la situación derivada por el problema en la tribuna.

Esa misma multitud gritó e insultó a un juez federal, Norberto Oyarbide, quien impertérrito y algunas veces sonriendo observó el primer set desde un palco lateral en la tribuna A.

Por culpa del problema en la tribuna débil, el partido se postergó una hora y media. Paul se molestó con algunos espectadores que gritaban dudosos chistes a su jefe, quien maravilló a la multitud con su enorme gama de golpes precisos, finos, contundentes e incluso con un par de “Gran Willy”.

Terminó el partido, y el colaborador de Federer inició un largo viaje de regreso al hotel. El partido terminó alrededor de las 23.00, y cuando el visitante arribó a la estación comprobó que el último tren a Retiro ya había partido. Vio larguísimas filas de personas ante las paradas de dos líneas de colectivos (buses), que llegaban en cuentagotas… Y la única agencia de remises que estaba abierta expulsaba clientes con un mensaje de dos horas de demora.

A la una de la madrugada, hastiado de esperar, llamó a una agencia de remises en la localidad de Florida, que un amigo argentino le había sugerido para emergencias. La agencia, ¿casualidad?, se llama La Suizo y no falló.

Algunos espectadores escucharon su camino de recorrido y le rogaron acompañarlo para salir de ese vacío de incertidumbre. Cuando llegó el automóvil, con un cartelito que lo identificaba como remise, fue rodeado por una decena de personas que le pedían por otros autos. “Mandame cinco a Tigre”, escuchó Paul que dijo el chofer quién preguntó, descolgado: “¿Qué pasa acá esta noche?”

“Me sentí como en una cancha de fútbol”, le dijo Federer a Paul esta mañana, mientras desayunaba luego de una noche que nunca olvidará, aunque quizás el tenista se asuste cuando le traduzcan lo que escuchaba en un español que no comprende.

PD: Paul grabó algunos videos y fotos, que me enviará en los próximos días y que agregaré a esta nota. Debajo, una que tomó desde la tribuna C.

Roger Federer en Tigre 12 de diciembre de 2012.
Roger Federer en Tigre 12 de diciembre de 2012.
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