Faulkner House Books, el santuario literario de New Orleans


Me crié entre los libros, comprados y leídos por mis padres Roberto y Martha, y las bibliotecas que los abrigaban. En los estantes de una de ellas había ejemplares de obras de un autor estadounidense, William Faulkner, con el que me reencontré en mayo de 2018 en la ciudad de New Orleans.

En la década del 20, Faulkner llegó a la principal ciudad del estado de Luisiana desde su estado natal, el vecino Misisipi, atraído por la movida literaria del Double Dealer que había publicado algunas de sus pequeñas obras.

Faulkner vivió en una casa ubicada a pocos metros de la plaza Jackson, la más famosa de New Orleans, en el Barrio Francés.

En esa vieja casa, angosta y modesta en la calle Pirate Alley, que conecta la Jackson Square con la calle Royal, Faulkner escribió su primera novela, “Soldier’s Pay”, publicada en 1926, el inicio de un trabajo literario que lo llevó a recibir el Premio Nobel de Literatura en 1949.

La librería se llama Faulkner House Books, está ubicada en 624 Pirate’s Alley, en el corazón del bello e histórico barrio francés de New Orleans, detrás del Cabildo (sí, la ciudad estuvo bajo dominio español y tuvo un cabildo) y enfrente del jardín trasero de la catedral de San Luis.

Propiedad del abogado Joseph J. DeSalvo Jr., Faulkner House Books es un santuario para literatura fina y ediciones raras, incluyendo, por supuesto, libros de Faulkner y sobre este escritor.

La Faulkner House Books, que aparece con frecuencia en los medios de comunicación estadounidenses, es descrita por coleccionistas y escritores como la librería más encantadora del país norteamericano.

La librería es el hogar de la Pirate’s Alley Faulkner Society, que fomenta la comunidad literaria de New Orleans desde hace más de veinte años.

Abrí las puertas de este lugar el 7 de mayo de 2018 cerca del mediodía de un día caluroso.

En las calles vecinas ya había música de jazz y hordas de turistas que se desvanecieron cuando ingresé a esta casa donde predomina la paz y el silencio y el olor de los libros viejos y leídos.

Para evitar el atropello de ese turismo masivo, la librería sólo permite la permanencia simultánea de hasta 12 personas y prohíbe el ingreso con comidas y bebidas.

Una cordial mujer que orillaba los sesenta años, me dio la bienvenida con una sonrisa debajo de sus anteojos gastados de tantas lecturas y me invitó a recorrer la librería, además de darme un folleto.

Como muchos de los libros son antiguos, hay carteles que explican cómo tomarlos de los estantes para no dañarlos.

La librería, que está abierta todos los días de 10.00 a 17.30, tiene actividad comercial. Si te gustan las ediciones raras, puedes consultar en este lugar.

El ego argentino se infla con una frase del escritor Jorge Luis Borges, traducida al inglés y enmarcada que se encuentra en la librería: “Siempre me he imaginado que el Paraíso será una especie de biblioteca”.

Me dediqué a gozar del paseo literario en esa librería en medio de una atmósfera que me llevó a mi infancia en Buenos Aires.

Las fotografías fueron tomadas con una cámara Canon EOS 1300D en una de las librerías más hermosas de los Estados Unidos, junto a la City Lights Bookstore de la ciudad californiana de San Francisco.

 

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