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Innovar es una palabra que, desde hace unos años se puso de moda. Todas las empresas, sin importar del tipo de industria o sector, se esfuerzan por mostrar que tienen este casillero marcado y así quedarse tranquilos de que cumplen con el manual de compañías dentro del siglo XXI.

Sin embargo, en base a la experiencia, los conocimientos alcanzados gracias al intercambio con personas que trabajan en empresas de todo tipo y sector y la lectura de autores que tratan esta temática, quisiera compartir cinco consejos con la intención de despertar y desarrollar el espíritu innovador.

En primer lugar, me gustaría especificar que existen distintos niveles de innovación y la incremental es una de ellas. Este tipo de innovación es un proceso continuo y para ello se tiene que desarrollar un pensamiento sistémico y la mejora continua es una solución para alcanzarla.

Hay varios métodos y cada empresa deberá buscar el que mejor se adapten a su cultura y necesidades. Uno de ellos, el Kaizen, que utilizan compañías como Toyota, Hitachi y Sony, se caracteriza por promover la cultura participativa dentro de las organizaciones, en donde las propuestas de mejora provienen de las personas que realizan las tareas.

En nuestro caso, para introducir los servicios que brindamos a nuevos clientes, implementamos un ejercicio que llamamos “innovación en 30 minutos”, que nos permite generar un repositorio de ideas, que luego, si ayudan y son viables, se suman al proyecto.

Una de las situaciones que las empresas queremos revertir es la falta de diversidad en los equipos de trabajo. La innovación surge más fácilmente en entornos diversos: de edades, género y culturas.

Esto crea nuevos puntos de vista. Para que esto suceda, tiene que existir un entorno en donde se pueda disentir, hablar, decir. El desafío es crear espacios en donde se puedan presentar ideas.

Finalmente, hay que prestar atención a cómo se hacen las tareas desde el rol que ocupa cada uno. La persona que más sabe cómo mejorar es aquella que hace el trabajo. La filosofía detrás de eso es que todos estén atentos a los detalles.

Mirar hacia fuera para establecer alianzas estratégicas con otras empresas, pero también con la academia y los centros de investigación. Existen ciertas tecnologías, como es el caso de la inteligencia artificial, que son muy complejas y tienen varias ramas.

Desarrollar actividades junto a empresas que tienen conocimientos complementarios permitirá que, cuando llegue una necesidad se pueda trabajar en conjunto. También es clave armar vínculos con las universidades, hacer que los alumnos resuelvan casos genera como beneficio llegar a una solución distinta. De esta manera, lo que hacemos es compartir nuestras experiencias.

Desarrollar pruebas de concepto o PoC (del inglés Proof of Concept) que permiten testear, validar y probar la tecnología sobre problemas reales. Con una PoC hay que proponerse tres objetivos; el primero, entregar algo de valor al cliente, un Minimum Viable Product (MVP, por sus siglas en inglés), es decir, una primera aproximación a un producto, que va a funcionar en un entorno controlado.

El segundo, aprender algo nuevo y profundizar un conocimiento. El tercero, desarrollar una metodología de trabajo para que la próxima vez se pueda hacer de manera más sencilla. En resumen, generamos una forma de hacer. Esto es clave para encarar nuevos proyectos.

Finalmente, aplicar las metodologías de las startups internamente. Esto se puede hacer creando equipos de trabajo en donde estén involucradas personas de sectores comerciales, de negocio y tecnología, que se comporten como una startup intra-compañía. De aquí es donde pueden salir ideas que luego se conviertan en nuevos productos y servicios.

Adrián Lasso

Vicepresidente y director de innovación de Baufest.

César Dergarabedian

César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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