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Marcelo Gallardo, el entrenador más importante en la historia de mi querido River Plate, anunció el 13 de octubre de 2022 que no renovará su contrato, luego de 8 años y medio de trabajo.

La revelación del director técnico nos sorprendió a millones de hinchas del club más grande de la Argentina, quienes comenzamos a transitar un duelo por la próxima partida del hombre que condujo a nuestro equipo a la mayoría de sus consagraciones más importantes, entre ellas la final eterna de la Copa Libertadores de América 2018 que se ganó ante el tradicional rival, un hecho inédito en competencias de clubes.

Por experiencia propia puedo afirmar que los duelos se trabajan mejor cuando al dolor se lo expresa en palabras. Con ese fin te comparto tres reflexiones de apreciados colegas que se divulgaron entre el 13 y el 14 de octubre, luego del anuncio de Gallardo.

Dos de estas reflexiones son de colegas hinchas de River: Jairo Straccia y Julián Mozo. El tercero es de un amigo y compañero periodista, Ariel Scher, hincha de Racing.

Jairo Straccia despide a Marcelo Gallardo

Jairo despidió a Gallardo al día siguiente del anuncio del entrenador, en una columna en un programa matutino en la Radio Con Vos, por lo cual te sugiero primero ver y escuchar el siguiente video:

A continuación, el texto que leyó Jairo:

Gracias Marcelo Daniel Gallardo. Nos estamos despertando del sueño de 8 años y medio. Pero gracias, gracias gracias por este viaje.

Si ser hincha de River nos hacía feliz antes de q llegaras al club, ahora te vas y nos dejas una felicidad que te trasciende. Eterna. Porque después de Gallardo somos estructuralmente más felices que antes. Después de gallardo soy hasta mejor persona.

Todo este tiempo entonces me decían “¿No te joden las gastadas? ¿Te haces el superado?” ¿Qué querés que te diga?

Ir a la cancha todo empezó a tener algo de mágico. Nos inventamos nuestro ratito de Premier League. Como que todos vivían en pesos y por un rato teníamos acceso a dólares sin cepo. Porque disfrutamos obviamente los triunfos, pero al mismo tiempo fuimos entendiendo el placer del camino.

Gracias por el juego, Muñeco. Por la búsqueda genuina de mezclar belleza, vértigo, compromiso, ahí donde todos se cuidan, juegan a no perder o tienen miedo.

Gracias por tu laburo, bestia. Gracias por ser un enfermo de River, enfermo del trabajo para hacernos mejores.

Gracias por sacar jugadores de inferiores, gracias por armar el centro de entrenamiento, gracias por cambiar el césped para que se juegue más rápido, gracias por hacer que los alcanza-pelota tengan su ubicación para hacerlos parte del equipo

Gracias por inventar esos laterales brasileños, esos mediocampistas europeos y esos delanteros que se asumieron como insoportables partes de un todo.

Gracias porque nunca vendiste humo. Gracias por tus calenturas genuinas.

Mirá, no te conozco pero gracias por ser parte de mi familia todos estos años. Estuviste en las charlas con mi mujer. Sos una parte central de la crianza de mis hijos. ¿Por qué todos no tienen un Gallardo?, preguntaron muchas veces.

Gracias por el “Barovero Barovero Barovero” y la eliminación a Boca de la Sudamericana.

Gracias por la clasificación de pedo en la Libertadores 2015, y por dejarlos afuera otra vez porque ya ni quisieron jugar.

Gracias por ganarles una final local gigante en 2018.

Gracias por las hazañas naturalizadas en Brasil. 3-0 a Cruzeiro en la noche del “me como el pijazo de Teo Gutiérrez”. Y por esa piel de gallina en el 2-1 de la noche del “penal para River aquí en Porto Alegre”.

Gracias por el gol sacando del medio en una final de visitante para dejarlos en ridículo para la historia. Gracias por el Armani épico que le saca el gol a Benedetto.

Gracias por el tercero.

Y por la noche del 8-0.

Gracias por volverlos a eliminar otra vez en 2019, ¡cómo jugaba ese equipo!

Gracias por ganar la liga 4 fechas antes con goleadas y triunfos con diez jugadores.

Gracias por apostar por jugadores que todos puteamos hasta que terminaron siendo emblemas.

Gracias por perder también las copas y los torneos en las que fuiste largamente el mejor pero así nos recordabas que estábamos despiertos.

Gracias por levantarte una y otra vez y salir más fuerte.

Gracias por usar el traje con el escudo bien grande. Gracias por la corbata de Labruna.

Gracias por cantar en el balcón después del partido en la Bombonera siendo esa mezcla hermosa de hincha y DT.

Gracias por hacernos cerrar los ojos 30 segundos y pensar que hubiera pasado si…

Gracias por avisarnos que teníamos que creer porque había con qué.

Y gracias… por hacerlos ponerse de rodillas como nunca.

¿O no se dieron cuenta de que se normalizó que cada Superclásico ellos se asuman como equipo chico en plan de jugar a no ser goleado? ¿O no notaron que por Gallardo empezaron a traer técnicos para el 0-0 e ir a penales? Antes de Gallardo ahí enfrente el sueño era la Libertadores. Después de Gallardo van al obelisco por la copa Chiqui Tapia.

Hasta se inventaron lo del escritorio, la Conmebol, el lawfare futbolero para seguir respirando, y todo por vos, Marcelo.

Antes de vos, nos hablaban de “la mancha del descenso”, después de vos hay un solo equipo que ganó una final continental a su clásico rival. Y uno solo que la perdió.

Pero ¿querés que me quede con un momento de estos 8 años y medio? El minuto 67 de la vuelta en la final en Madrid. Ahí está el espíritu de esta etapa gloriosa. Era el partido que iba a definir quién es más grande de los dos, el duelo que si perdías quedabas arruinado para siempre, la cita única en la historia del fútbol de clubes…. y en el minuto 22 del segundo tiempo River estaba 0-1 abajo.

En ese momento, Nacho Fernández hace una pared con Ezequiel Palacios, que se la devuelve de primera. Ya en el área, Nacho la juega atrás para Pratto que la toca suave a la red. Máximo nivel de competencia, máximo nivel de exigencia, mano a mano con el clásico rival en la final eterna, con desventaja en el resultado en una serie donde además nunca jugaste de local… y la remontada empieza con tenencia de pelota, triangulaciones en velocidad hacia delante y centro atrás.

Fútbol, fútbol, fútbol. Gallardo, Gallardo, Gallardo. River, River, River.

Gracias Muñeco de mi corazón. Fuimos muy felices juntos.

La noticia ayer fue un shock. Un día de mierda. Pero algún día iba a pasar.

Desde 2014 hubo tres presidentes, ocho ministros de Economía, seis presidentes del Banco Central y el dólar blue pasó 13 a 300. ¿Cómo no iba a irse Gallardo, tras casi una década de estabilidad y crecimiento?

Todo lo que te vamos a extrañar vale todo lo que nos hiciste disfrutar.

Gracias Gallardo, gracias por… decilo vos…

Si aún no viste y escuchaste el video anterior, te recomiendo hacerlo ahora.

Julián Mozo despide a Marcelo Gallardo

A continuación, el texto que Julián publicó pocos minutos después del anuncio de Gallardo, en su perfil en la red social Facebook, bajo el título «Mi catarsis»:

Será como aquellos hitos que te marcan de por vida, que nunca olvidás dónde estabas y qué estabas haciendo. Yo nunca olvidaré que este jueves 13 de octubre de 2022 estaba manejando, rumbo a una cita médica, cuando escuché su voz entrecortada, por la radio, diciendo lo que nunca quisimos escuchar… Ya no sé cuántas cuadras hice, ni qué siguió diciendo él, en esa inesperada conferencia de prensa… Fue como un shock… Sólo recuerdo que mis lágrimas empezaron a caer, como si me hubiesen avisado de la muerte de un ser querido. Tuve que frenar, estacionar, para seguir llorando en paz. El mundo, afuera, parecía seguir y yo sin entender cómo el resto podía continuar con su vida. El mundo, para mí, se paró.

Mi reacción, en un punto, me sorprendió. Nunca había pensado ni imaginado el momento, pero no pensé que calaría tan hondo. Y sí, ni siquiera tuve fuerzas para luchar esta tristeza, esta congoja, esta mierda que se me calvó entre mi pecho y el estómago. Sí, si quieren saber, fui a la cita médica, como pude. Pero ya nada fue igual durante el día. Una y otra vez, al ver el posteo de alguien en redes o escuchar algún hincha o ver algún momento de estos 8 años, las lágrimas volvieron a aparecer, de la nada, como ahora, cuando escribo estas líneas desde mi corazón. Ni hablar cuando pasé a buscar a mis hijas por el colegio y les conté. Juana, de seis, lloró con el padre. Julieta se mantuvo estoica. Tiene 8 años y medio. Como su ciclo. Nació con él. ¿Y ahora cómo seguimos, pa?”, me preguntó. Me destruyó. “No sé”, le dije. Ella no sabe lo que es la vida gallina sin Gallardo. Y yo siento que tampoco…

Todos sabíamos que un día el ciclo se iba a terminar, siempre pasa, pero nunca estás preparado para una partida así. Nunca. Va más allá de la razón, de entender el desgate de un ciclo, que él y su gente merecen un break, un descanso, alejarse un poco y hasta un desafío europeo, cuando él quiera. Pero esto es emocional, no se puede entender ni explicar. Lo sentís o no lo sentís, por eso no me siento ridículo contando mis sensaciones. Estoy abatido, angustiado, con el alma destruida me atrevería a decir. Ya sé todo, que es fútbol, que River es más grande que cualquier persona, incluso el Muñeco. Todo lo entiendo, pero hay razones que el corazón no entiende. No al pedo es así el refrán…

A los que no entiende, les digo que este tipo nos cambió la vida como hinchas. Nos puso de pie y los puso de rodillas. Nos llenó de gloria pero, sobre todo, nos hizo más felices de que alguna vez imaginamos. ¿Cuánta gente en la vida de cada uno pueden decir que logró algo así? Este señor nos devolvió todo, la identidad, el orgullo, el vivir y jugar con grandez, como dice el slogan del club. Nos revivió, nos hizo sentir invencibles, nos hizo creer, porque había con qué creer, aunque la lógica o las probabilidades dijeran otra cosa. Nos hizo viajar miles de kilómetros, como en aquel viaje de 2015 a Belo Horizonte, luego de perder 1-0 en la ida. Y nos devolvió un 3-0, ¿cómo no íbamos a creer? Así fue, una y otra vez.

Gallardo fue nuestro gurú. Pero ya no futbolístico, pese a que sus conocimientos parecieran ilimitados, sino espiritual. Detrás de él, encolumnados, todo parecía posible. Esa sensación es impagable en un deporte en el que, a la vuelta de la esquina, te está esperando el palazo. Nos dio las alegrías más grandes de la historia, las imaginables y las inimaginables, las gigantes, las eternas, las que nosotros ni ellos vamos a olvidar en la vida, aunque pasen 200 años. Y no lo hizo una vez. Lo hizo demasiadas veces…

Nos dio las alegrías pero ojo, también nos protegió en las peores. Porque cuando llegaron las malas, los golpes, siempre estuvo él para arroparnos, con algún gesto, una palabra, para volver a creer. Para ir por la revancha. Nos hizo sentir que podíamos ir por todo, siempre, sin miedos, sin especular, yendo al frente, creyendo en nuestras armas. Nos enseñó que podíamos festejar como nunca y, cuando llegaban las malas, podíamos ser igual de dignos. Pasara lo que pasara, nos hizo caminar siempre con la mirada en alto y el pecho inflado. Creyendo, siendo fiel a las convicciones.

Hoy no encuentro refugio, sólo un poco acá, frente a una compu, haciendo catarsis. Me queda el consuelo de todo lo vivido, de los recuerdos, tan fuertes como impactantes, de la estatua que se viene, nada menos que el 9 de diciembre, del rencuentro que algún día se dará, no tengan dudas… Y, por último, de poder ir este domingo nuevamente al templo para entonar, más fuerte que nunca, nuestro himno: “Muñeeee, Muñeeee”. Junto a mi hija, Julieta, que tal vez me vuelva a preguntar “¿cómo seguimos, pa?”. Quizá la mire, otra vez llorando, y le repita una frase. “Creyendo, hija, creyendo”. Como nos enseñó el Muñeco.

Ariel Scher: Marcelo Gallardo, «el tipo que le ganó a una época»

El sitio web Relatores publicó luego del anuncio de Gallardo una columna de Ariel, de la cual comparto a continuación los primeros párrafos. Puedes leerla completa aquí.

El filósofo polaco Zygmunt Bauman dijo que este es el tiempo de «la modernidad líquida», definido por «una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido».

Pero no conoció lo que pasó entre Gallardo y River.

El filósofo surcoreano/alemán Byung Chul-Han fue más lejos al explicar que ya «nada es sólido y tangible» y sacudió al evidenciarlo: «Hoy las prácticas que requieren un tiempo considerable están en trance de desaparecer. También la verdad requiere mucho tiempo».

Pero no estudió lo que pasó entre Gallardo y River.

Los títulos de centenares de medios -de medios que, en cada segundo, transparentan lo que plantean Bauman y Byung Chul-Han: ninguna noticia (o no noticia) dura nada, a nada o a casi nada se le dedica un rato largo porque todo o casi todo es urgente- convergen en hablar de «La época de Gallardo» y resaltan los 14 títulos (en especial, claro, la Libertadores de Madrid frente a Boca) o los 226 triunfos en 422 partidos. Pero hay algo más potente: bastante cierto es que se acaba «La época de Gallardo», pero resulta más cierto que Gallardo es el tipo que le ganó a una época.

Porque Marcelo Gallardo orientó a River en el corazón de la edad histórica sobre la que Bauman, Byung-Chul Han y otros jugadores del pensamiento actual acuchillan sus reflexiones. Y, sin embargo, ejecutó esa tarea desde junio de 2014 hasta las respiraciones penúltimas de 2022. O sea que se mantuvo en un sitio y en una responsabilidad dentro de un contexto en el que lo dominante es lo volátil. O, más sencillo, un escenario en el que la mayoría de lo que está existiendo se esfuma enseguida. O, como insiste Byung Chul-Han, se expande «una forma de vida sin permanencia».

El fútbol palpita en el centro de esta época (o de lo que esos filósofos predican sobre esta época). Es el espectáculo central de una era en la que todo se vuelve espectáculo. Es el entretenimiento mayúsculo de la dominante industria del entretenimiento, dirigida a una sociedad a la que se la convence de que lo que le da sentido a los días es entretenerse. Es un hiperconsumo en la rutina liderada por la invitación a consumir. Y, aun asumiendo que cada franja de la existencia posee singularidades, manifiesta muchos rasgos que lo vuelven en una expresión parecida a este tiempo: la aceptación es breve, la frustración es breve, la mirada de lo que ocurre es fragmentaria y, sobre todo, el hilo del mundo se enrolla y se desenrolla más que rápido al punto que un montón de veces ni constituye un hilo. Que se vaya el técnico si pierde, que se quede si gana pero que se vaya si de nuevo pierde, que «siempre lo mismo» aunque ese siempre y ese mismo lleven apenas un suspiro en el reloj.

El lazo entre Gallardo y River florece, en esa dimensión, a contramano de la cultura prevaleciente.

Puedes leer el resto de la nota de Ariel aquí.

Muchas gracias, Marcelo Gallardo

Por mi parte, sólo agrego mi agradecimiento al «Muñeco» por todas las alegrías y enseñanzas que nos deparó a millones de hinchas, reflejada en las siguientes publicaciones propias:

Es para vos

Y dale alegría a mi corazón, River campeón de la Copa Libertadores

Mi River campeón, en Madrid y en New York

Apuntes sobre la tristeza y la derrota

 


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César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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