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Federico Bertuzzi, pastor y misionero evangélico argentino, falleció el 2 de septiembre de 2022 a los 74 años. En rigor, su partida fue un “hasta luego”, porque espero reencontrarme con él en el cielo y la tierra nueva anunciados por Jesús.

Federico (en la foto superior, junto a su esposa, Marta Panotto) fue un ejemplo en servicio y determinación y en dialogar e intercambiar opiniones con personas que pensaban muy distinto que él, desde la humildad y la apertura que siempre le caracterizaron.

Conocí de adulto a Federico, aunque él me conocía cuando era niño, por su relación con mis padres Roberto y Martha en el ámbito de las iglesias bautistas.

Cuando comencé a trabajar en 1994 en el periódico mensual evangélico El Puente, Federico se ofreció con generosidad para ser mi cicerone del movimiento misionero y una fuente justa y atinada. Y así fue durante los 16 años que trabajé en ese medio.

Cuando visitaba Buenos Aires siempre se hacía un tiempo para visitar la redacción y dialogar conmigo, con genuino interés pastoral.

Su palabra serena, su buen humor y la paz que emanaba de sus ojos claros fueron de bendición en mi vida.

Además de la fe cristiana, compartí con Federico la pasión por la geografía. En el caso de él, me sacaba muchos cuerpos de ventaja, porque conocía por sus viajes de misionero gran parte del planeta.

En su casa en la ciudad de Santa Fe coleccionaba objetos un trozo del muro de Berlín que llevó en 1990 desde Alemania y souvenirs de Medio Oriente.

Cuando falleció mi hija María en 2018 y mi madre en 2013, Federico fue uno de los buenos consoladores que Dios puso en mi camino, con palabras y una sensibilidad que fueron un bálsamo.

Federico Bertuzzi: un hombre con una misión definida

Federico conoció el evangelio de la gracia de Dios en Cristo siendo muy joven, y respondió a él en fe. Dedicó su vida a servir a Dios, de todo corazón y con todas sus fuerzas.

Federico tenía una misión clara: ninguna persona debía quedar excluida de escuchar el mensaje de Jesús, ni siquiera las de otras culturas en lugares remotos.

Federico fue un visionario que creó la organización Misiones Mundiales, un movimiento pionero en el desarrollo de misiones desde la Argentina hasta lo último de la tierra.

Federico también trabajó en forma incansable por mantener y expresar la unidad de las iglesias evangélicas.

Pastor de convicciones bíblicas y conservador en doctrina, apreciaba la gracia de Dios en personas que tenían enfoques o costumbres diferentes, pero el mismo amor a Dios y un celo por la Biblia.

Federico Bertuzzi y Marta Panotto

Luego del fallecimiento de su esposa Marta Panotto en 2015, Federico pidió para su sepelio que no s enviaran ofrendas florales y que el importe destinad a ellas se donara al trabajo misionero.

Federico llamaba las cosas por su nombre. Por ejemplo, cuando escribía acerca de la salud de Marta, describía que tenía “cáncer de esófago con metástasis”.

Marta tenía 68 años cuando falleció. Durante 41 años vivió con Federico , con quien tuvo cuatro hijos: Erich, Evelyn, Marilyn y Jonatan.

Tres años después de la muerte de Marta, Federico me envió ejemplares de dos libros que escribió junto a Marta: Enamorados y Memorias.

Enamorados es una recopilación de las cartas que Federico y Marta intercambiaron durante los casi dos años que duró su noviazgo.

En Enamorados, Marta, a quien Federico llamaba “Mutti”, un diminutivo en alemán para “mami”, se refiere a mi padre, quien colaboraba con un hogar de niños en la ciudad santafesina de Esperanza.

Memorias es una recopilación de cartas de oración que Federico y Marta se enviaron durante los últimos 35 años de trabajo.

Memorias tuvo una segunda edición con el agregado de la última semana de vida de Marta, que incluye una recopilación de mensajes de condolencia recibidos desde muchos lugares del mundo. En este libro se reflexiona sobre lo inexorable de la muerte y se ofrecen palabras de consuelo.

En el siguiente video, la presentación de esos libros. En el minuto 41 habla Federico :

Enamorados se puede descargar gratis desde aquí. Y Memorias, desde aquí.

En el siguiente video aparecen Federico y Marta en 2011 cuando vivían en la ciudad española de Granada.

Federico Bertuzzi y el silencio de Dios

En 2016 recibí una carta de Federico por correo electrónico, donde compartía lo siguiente:

“Cuando aún no peinaba canas abrigaba la sensación de que nada podría detenerme. Ahora, con canas —que son cada día menos, y si llego a los 70 el año que viene— reconozco que para nada era yo imbatible. Apenas una criaturita, insignificante, débil y sometida a circunstancias, frecuentemente ajenas a mi control. Aquella etapa, cuando hacía lo que quería, quedó atrás y no volvería más.

En la escuela de Dios hay una asignatura que si no se la aprueba no se pasa de año. Es la que nos enseña a responder con silencio al silencio de Dios. Con ella llegamos a comprender, por un lado, lo inútil que es dar coces contra el aguijón; y por el otro, lo provechoso que es confiar que su vara y su cayado infundirán aliento cuando un día tengamos que atravesar el valle de sombra de muerte (Salmos 23.4; Hechos 9.5).

Durante los últimos años soplaron densos y negros nubarrones. La enfermedad y la muerte se hicieron presentes, y el ministerio cristiano se redujo a un mínimo. Sobre la tierra se hizo silencio y en el Cielo no hubo respuesta. Silencio total. No se podía esperar ni pedir más, ¡bastaría con saber y creer que nada ni nadie nos podría separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro! (Romanos 8.39).”

Luego comentaba, con su buen humor, que había llegado al número perfecto, el siete, pero ¡de enfermedades”: hipotiroidismo, mal de Parkinson, ciática, hernia de hiato, hipotensión ortoestática, hipertensión arterial y artrosis.

A consecuencia del Parkinson tenía diplopía (visión doble) y usaba tres pares de lentes. En su caso el Parkinson se expresaba no en temblor sino de rigidez.

Federico Bertuzzi y la memoria escrita

Fiel miembro de la Iglesia Evangélica Bautista Nordeste de la ciudad de Santa Fe, organizó en su oficina el Centro de Documentación Misionera Marta Panotto de Bertuzzi, que cuenta con unas 100 mil cartas de papel, 70 mil correos electrónicos, 60 mil páginas de libros, 30 mil fotos digitales y tres días continuados de filmaciones digitales.

La primera documentación data del congreso mundial del evangelista estadounidense Billy Graham en Berlín en 1966, cuando Federico tenía apenas 18 años y el dirigente evangélico Carmelo Terranova le consiguió un salvoconducto para entrar.

Federico empezó a guardar algunos folletos en una caja en el suelo, en un rincón de su dormitorio juvenil. Cuando partió junto a Marta a España como misioneros en 2004 los archivos habían aumentado hasta ocupar cinco habitaciones, que hubo que desmantelar.

En 2017 preparé una nota con una lista de libros sugeridos para obsequiar en las próximas fiestas, escritos por amigos míos. Pedí entonces a Federico que me sugiera un libro.

Su respuesta, pese al Parkinson que avanzaba y su viudez, me sorprendió porque demostraba la fuerza y pasión para seguir adelante:

“Estoy preparando dos (libros) más de esa mujer extraordinaria que se llamaba Marta: ‘El último enemigo’ (sobre sus días finales), y ‘Los escritos de La Marta’”, compuesto por unos 2 mil correos electrónicos que –decía Federico—“apenas estoy descubriendo, de gente de todo el mundo a quien ella aconsejaba, y marcó de por vida… que yo apenas si supe dimensionar en vida”.

Mi nota con el libro recomendado por Federico se encuentra aquí.

Antes de su fallecimiento, la última noticia que recibí acerca de Federico fue gracias a un boletín enviado por correo electrónico por sus hijos el 7 de agosto de 2021, cuando cumplió 73 años.

En esa comunicación describían un cuadro de salud muy complejo que aquejaba a Federico, donde se mezclaban problemas de próstata y urinarios, secuelas de la Covid-19 y el avance del mal de Parkinson.

Un año después de ese mensaje, Federico dejó esta tierra de los vivientes para encontrarse cara a cara con Jesús, cuyo mensaje llevó e impulsó a predicar en toda la tierra. Gracias, Dios, por la vida de Federico, y te ruego por el consuelo para Erich, Evelyn, Marilyn y Jonatan.

César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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