Archivo de la etiqueta: Pascua

Oración de Pascua


Cuando todo estaba oscuro y parecía que el sol nunca más iba a brillar, tu amor se abrió paso.

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Quiero la Pascua, Jesús


Pasaje de la esclavitud a la libertad, de la muerte a la vida

Quiero la Pascua de las mujeres el domingo de mañana

La disposición para el cuidado con ternura de embalsamar al muerto querido

La incomprensión de la piedra quitada;
las lágrimas por no saber

La revelación a María del Maestro

Magdalena que va y anuncia ¡Vi al Señor!

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Un látigo necesario para la pascua


El siguiente video corresponde a una nueva canción de Pablo Sosa: “El látigo”. Este músico y pastor de la Iglesia Evangélica Metodista Argentina encargó a principios de 2019 a su nieto Julián Cardoso la tarea de poner en imágenes esta potente canción.

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Etermax lanza la versión móvil del Pictionary


Etermax, compañía argentina de entretenimiento interactivo para el mundo móvil, creadora de los famosos juegos Preguntados y Apalabrados, anunció sus lanzamientos para 2017, entre los que se destaca la versión móvil del Pictionary.

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Un silencio que dio que hablar


Como cristianos queremos seguir al maestro, caminar por sus pisadas, seguir su ejemplo. Entonces vamos a los evangelios para observar de cerca las actitudes, los movimientos, pero sobre todo las palabras de Jesús.

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Había un jardín


“En el lugar donde Jesús murió, había un jardín…” (Juan 19:41)

No es un comentario casual el que hace Juan.
Donde a Jesús le arrancan la vida
de la forma más cruel, hay un jardín.
Donde la tortura y la saña buscan callar
a quien abría el rumbo hacia lo nuevo, hacia la luz,
allí, justo allí, había un jardín.
Donde los poderes religioso y político se confabularon
para impedir que el nazareno escandalice su falsa moral
y ponga en evidencia la corrupción de sus acciones,
en ese sitio, hay flores y huele a primavera.
Donde la ausencia de amigos y discípulos, de amigas y discípulas,
anuncia cobardías y traiciones, negaciones y miedos,
en ese lugar, los pájaros entonan su cotidiana alabanza a la creación.
Donde sonreían los opresores y se saludaban los guardianes de la muerte,
el viento danzaba entre los árboles del jardín
y su soplo apacible llevaba el aroma fresco de de la vida.
Donde dos hombres solidarios tomaban en brazos un cuerpo inocente
para colocarlo en un sepulcro,
allí, allí había un jardín.
Un jardín que sería pronto el espacio sagrado
de la más maravillosa subversión de todos los tiempos: la resurrección.

Flores, Neuquén

Tortura, muertes inocentes, intrigas del poder, opresión, oscuridad,
siguen siendo parte de la historia humana, están presentes.
Pero, no olvidemos, abramos bien los ojos, porque justamente allí,
Dios puede haber puesto un jardín.

Gerardo Oberman

Fuente: Red Crearte, bajo licencia Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 2.5 Argentina.

Viernes Santo en iglesias del norte del Gran Buenos Aires


Participé el 18 de abril en la caminata del Grupo Ecuménico de Zona Norte del Gran Buenos Aires por el Viernes Santo entre la Congregación Evangélica Alemania en Martínez y la parroquia Nuestra Señora de la Unidad en Olivos.

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Jesús no murió por mí


Tiempo de Pascua.
Tiempo de rituales repetidos
y de palabras dichas mil veces.
Tiempo de silencios de muerte,
de ayunos, de promesas y de procesiones.
Tiempo de euforia que se contiene,
porque parece pecado anticipar el final
que ya conocemos
y que debería inundar todo de vida.
Tiempo de superficialidad e hipocresías:
“¡Felices pascuas!”
Tiempo de iglesias que de mil maneras diferentes
pero de mil maneras tan iguales
no saben decir otra cosa que lo que siempre se ha dicho:
“Jesús murió por nuestra salvación”.
Pero, ¿sabés qué?
Jesús no murió por mí.
Jesús murió a causa de la cobardía,
la ambición, la soberbia, el amor al poder,
de quienes no entendieron su mensaje,
de quienes le temían a lo nuevo,
de quienes se habían construido un dios a su propia medida,
de quienes no aceptaron su propuesta de vida en plenitud
no para unos pocos, sino para todos y todas.
Aquella muerte no salvó a nadie,
ni siquiera a quienes creían que se iban a salvar de Jesús.
Lo que me salvó y te salvó
y sigue salvando
es aquel Jesús que se hizo persona,
que se identificó con la gente,
que fue bebé y lloró,
que fue niño y jugó,
que creció y trabajó,
que fue llamado a una misión y la asumió,
que se detuvo ante el dolor de otros y otras,
que fue solidario en gestos, en palabras, en acciones,
que no calló lo que debía ser dicho
y que, aún temiendo, siguió adelante,
por amor, por puro amor.
No fue su muerte, tan cruel e injusta.
¡Fue su vida!
Si la muerte fuera salvadora,
¿qué sentido tendría la resurrección?,
¿con qué razón celebraríamos la Pascua?
La muerte no salva,
aunque se escandalice la teología.
Salva la vida.
Por eso la resurrección es el gran anuncio,
es el gran tema, es la gran noticia de este tiempo.
Por eso la piedra se corre, la tumba se abre
y se oyen pasos en el huerto.
Dios resucita a Jesús
para condenar eternamente a la muerte,
para anunciar que la VIDA triunfa
y que la fe en ese Jesús que vive,
que vence a los mercenarios del terror,
es la que salva y la que libera.
Lo dice Pedro, con tanta claridad:
“a ese mismo Jesús a quienes ustedes crucificaron,
Dios lo ha hecho Mesías y Señor”.
Jesús no murió por mí.
¡A Jesús lo mataron!
Jesús murió porque lo torturaron con saña,
porque lo quisieran desaparecer y hacer callar,
y porque lo mataron los poderosos de siempre.
Jesús sí nació por mí.
También vivió por mí,
enseñó, sanó, perdonó, amó y resucitó por mí.
Y por vos y por cada persona.
Jesús no murió por mí
ni por vos ni por nadie.
Tal vez algún día
dejemos de honrar su muerte
para empezar a celebrar su VIDA.

Autor: Gerardo Oberman.
Fuente: Red Crearte.