50 años, 50 amigos: Martina Rúa


A las 13.20 del 20 de marzo de 2015 entré al restaurante y bar “El preferido de Palermo” donde ya se encontraba Martina Rúa, una de mis 50 invitados para celebrar mis 50 años, una idea sobre la cual puedes leer más en esta nota.

“Martu”, como la llamamos los amigos, es una periodista ante la cual sólo un robot o un “cyborg” podrían quedar indiferente.

A sus 35 años posee un “blend” muy rico, compuesto por su calidez humana, lealtad, una enorme y versátil capacidad de trabajo (escribe en diarios y revistas, columnista en radio y en TV), sensible, inquieta, emprendedora, además de ser una esposa jugada por completo a su pareja y madre de Francisco, su hijo, al cual dedica sus mejores esfuerzos.

Disfrutamos de unas empanadas de atún y una muy buena tortilla de papa y cebolla acompañados de gaseosas en este bodegón de Palermo, que cerramos con un café cortado con leche para ella y un panqueque con dulce de leche para mí.

Mientras almorzábamos, hablamos de nuestras vidas, luego de una puesta al día breve, porque Dios nos bendice permitiéndonos encontrarnos en conferencias de prensa.

Amante del buen vino y de la buena cerveza, de las playas y de la música de Brasil, de Racing Club y sobre todo de su familia y de sus amigos, Martina tiene una sonrisa rozagante y unos ojos grandes y expresivos que me llenan de energía cuando nos encontramos. Habla rápido, y sabe escuchar, como buena entrevistadora que es.

A las 15.00 salimos del bodegón que había quedado vacío, y caminamos por la calle Borges hasta la avenida Santa Fe donde nos despedimos.

PD: Si hubiera terminado este relato con el párrafo anterior no sería fiel a lo que sucedió.

Todos mis invitados tuvieron la libertad de contar sobre estas celebraciones luego de reunirnos, pero muy pocos prefirieron adelantarse a esta serie de relatos y publicar su propia versión.

Una de esas excepciones que se me adelantó fue Martina: cuatro días después de nuestro almuerzo publicó su propio relato en su perfil en Facebook. Copio debajo algunas de esas palabras de “Martu”, con las que concuerdo ciento por ciento:

“El viernes pasado celebramos almorzando. Nos conocimos un poco más y hubo espacio para decir lo que nos queremos. Con gestos y palabras. Qué poco acostumbrados estamos a animarnos a sentir y a decir. Cuando me acompañaste al subte pude hacerlo. Frenar, mirarte a los ojos y decir: Te quiero mucho, gracias por esta amistad y nos apuramos un poco para no mariconearla”.

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