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El 20 de marzo se cumplirán dos años de la entrada en vigor del primer confinamiento social que declaró el gobierno nacional por la pandemia del coronavirus.

Anunciado por el presidente Alberto Fernández el 19 de marzo de 2020 por cadena nacional de radio y TV, el denominado Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO) forzó a la población a la adopción de prácticas de teletrabajo, asistencia sanitaria y educativa en forma remota, al comercio electrónico, y la participación en actividades deportivas, religiosas y de entretenimiento por medios telemáticos.

En estos dos años realicé dos encuestas entre amigos y conocidos acerca del impacto del ASPO en su vida. Una el 25 de marzo de 2020, en la primera semana del confinamiento, y otra cuando se cumplieron 8 meses, el 20 de noviembre de 2020.

A partir del cuestionario de esa última encuesta, te comparto mi balance personal de estos dos años en el contexto de la pandemia de la Covid-19.

Nuevas rutinas

El confinamiento lo llevé muy bien, mejor de lo esperado. Gracias a Dios, vivo en un departamento muy luminoso y aireado, en un edificio pequeño, en una zona residencial del norte del Gran Buenos Aires, muy bien provista de comercios y servicios. Cuento con un espacio de trabajo definido y cómodo en casa.

El trabajo en forma remota aumentó mi productividad, gracias al ahorro de tiempo y energía en viajes y la ausencia de dispersiones.

Adopté rutinas durante el trabajo con las que evito el sedentarismo (soy periodista y paso muchas horas al día frente la computadora): ubico el mate (tengo una colección de 17 mates) y el termo a unos 3 metros de distancia de mi escritorio de trabajo y cada 15 o 20 minutos camino hacia ellos para cebarme unos amargos.

Esa pausa matera es útil porque despejo la cabeza y además dirijo la mirada fuera de la computadora, hacia el horizonte y el cielo que veo desde la ventana de la habitación donde está el escritorio de trabajo.

Además, una vez por hora realizo breves rutinas de ejercicios con las que prevengo contracturas. En enero de 2022, agregué ejercicios para la rehabilitación de mi rodilla derecha, donde en diciembre me realizaron una artroscopia por un desgarro de menisco interior.

Gracias a Dios y a los cuidados estrictos que realizamos mi esposa y yo, además del cumplimiento del cronograma de vacunación, ninguno de nosotros hemos dado positivo de coronavirus. Llevo la mascarilla en los lugares donde es obligatorio y aireo los ambientes que estén cerrados.

Una etapa laboral inédita

Muchas veces me han preguntado estos dos años si extrañaba la alta frecuencia de viajes que realizaba por trabajo hasta el inicio de la pandemia, y gracias a los cuales conozco una parte significativa del mundo. Mi respuesta es negativa. No extrañé ni extraño esos viajes, porque en este contexto pandémico, la experiencia de viajar es una actividad estresante.

Este tiempo fue inédito para mi vida laboral. Trabajo en periodismo en redacciones de medios de Buenos Aires desde 1986 en forma ininterrumpida. Pero el 16 de marzo de 2020, cuatro días antes del inicio del ASPO, inicié una nueva etapa con el trabajo remoto.

Dos años después, esta modalidad de trabajo en casa está arraigada con firmeza. Recién a fines de septiembre de 2021 volví en la redacción de iProfesional, en el barrio porteño de Palermo, dos veces por semana.

En noviembre de 2021 el grupo de trabajo que yo integro pasamos a tres veces por semana, pero por el alza de casos debido a la variante ómicron del coronavirus, a fines de diciembre volvimos a trabajar sólo desde nuestros hogares. En febrero de 2022 volvimos a la redacción pero dos veces por semana.

Dos libros de ayuda en estos dos años de pandemia

La lectura de los dos muy recomendables libros de mis amigos y colegas Martina Rúa y Pablo Martín Fernández, La fábrica de tiempo y Cómo domar tus pantallas, me sirvieron para conocer y aplicar diferentes técnicas que mejoraron el empleo de mi tiempo personal y laboral.

Sin embargo, aún lucho contra la dispersión, debido a mis intereses diversos. Algo de eso se refleja en la variedad temática de este sitio web, que va en contra de las recomendaciones editoriales que yo mismo pregono, de especializarse en un tema y profundizar en él.

No realicé cursos de capacitación a distancia. En estos dos años confirmé las ventajas del comercio electrónico, por medio del dual renové parte del mobiliario de casa.

Sin embargo, mantuve las compras de alimentos y otros artículos de uso cotidiano para mi casa en comercios de cercanía, como La pasta real, la panadería La Preferida y los restaurantes y rotiserías Mármara y José Ingenieros, y en la red Más cerca más justo (primero en la tienda Gaia y luego en el almacén Cosecha) y las pizzerías Víctor y Canavaro.

No utilizo aplicaciones de envíos a domicilio para compras o recados, en auge en estos dos años. Si debo movilizarme en automóvil, recurro a mi amigo taxista Luis Caviglia (si necesitas uno de confianza, no dudes en pedirme su teléfono).

Rechazo a las comunicaciones artificiales

No tuve en estos dos años en situaciones de ansiedad, aburrimiento, desánimo, depresión o rabia. Nunca estuvo en riesgo la fuente de trabajo, y los fines de semana, y en especial los domingos, me desconecto de la actividad laboral.

Los sábados y domingos camino alrededor de 8 km mientras me dedico al hobby de la fotografía. Y como ya sucedía desde antes de la pandemia, acepto invitaciones para encontrarme cara a cara con amigos, para abrazarlos si me dejan o aunque sea chocar puños o codos, y escucharlos mientras disfrutamos de alguna comida.

En estos dos años rechacé en forma consecuente las reuniones virtuales. Participé en apenas tres videollamadas grupales con amigos.

Por mi trabajo debo participar en infinidad de conferencias de prensa y presentaciones y conferencias en forma remota. Conozco todas las plataformas y aplicaciones, las de uso masivo y las engendradas ad hoc.

Todas estas comunicaciones por plataformas son artificiales, ninguna de ellas tiene ni la riqueza del encuentro cara a cara ni la sencillez práctica y también rica de una simple llamada de voz.

En cuanto a este sitio web, en medio de la pandemia abrí una nueva sección, Nodo solidario, para difundir emprendimientos nacidos antes o durante el confinamiento, además de actividades con fines solidarios.

También se renovó por completo el diseño de Bahía César, que dejó de ser un blog para convertirse en un sitio web, gracias al solvente trabajo de Fabio Baccaglioni.

Conclusión: el balance personal de estos dos años es positivo y espero que los aprendizajes de este tiempo, referidos a la salud, las relaciones y el trabajo se consoliden y crezcan en el futuro.

Te invito a que compartas tu balance en los comentarios de esta nota.


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César Dergarabedian

César Dergarabedian

Soy periodista. Trabajo en medios de comunicación en Buenos Aires, Argentina, desde 1986. Especializado en tecnologías de la información y la comunicación. Analista en medios de comunicación social graduado en la Universidad del Salvador. Ganador de los premios Sadosky a la Inteligencia Argentina en las categorías de Investigación periodística y de Innovación Periodística, y del premio al Mejor Trabajo Periodístico en Seguridad Informática otorgado por la empresa ESET Latinoamérica. Coautor del libro "Historias de San Luis Digital" junto a Andrea Catalano.

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