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Buenos Aires desde un avión


Fotografía tomada el 13 de octubre de 2018 con un teléfono móvil Samsung Galaxy S7 edge desde un Boeing 737-800 de Aerolíneas Argentinas, y seleccionada y editada en forma automática por Google Fotos.
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Cara a cara con Andréi Rubliov en Moscú


El viaje que realizo por Armenia y Rusia desde el 29 de septiembre me permitió cumplir este 10 de octubre otro anhelo personal: tomar contacto cara a cara por primera vez con la obra de Andréi Rubliov, un religioso y pintor ruso medieval considerado como el más grande iconógrafo de Rusia.

El contacto fue en el monasterio de Andronikov, donde se encuentran algunos de los íconos más famosos de Rubliov.

Conocí a Rubliov a través del cineasta ruso Andréi Tarkovski, quien filmó una película sobre este artista.

Luego de la visita, mi hija Agustina me tomó esta foto con una réplica de su ícono más famoso, La Trinidad, que llevaré a Buenos Aires.

Con Agustina recorrimos partes de Moscú que contaré en otras notas en este blog.

Una de ellas fue la siniestra sede de la Cancillería rusa, en uno de los edificios art decó construidos por Stalin.

Moscú en modo “selfie”


Te comparto una serie de auto fotografías (“selfies”) que tomé junto a Agustina, mi hija, el 9 de octubre de 2018 en Moscú, la capital de Rusia.

En rigor, algunas fotos fueron tomadas por un tercero.

La Plaza Roja, el Kremlin, calles iluminadas del centro y hasta una cueva de hielo que simula al lejano norte de Rusia fueron los escenarios de estas fotos.

Las imágenes están en formato cuadrado porque fueron publicadas originalmente en Instagram.

San Basilio, Moscú: el sueño del pibe hecho realidad


Mis padres me inculcaron desde niño el amor por la geografía, ciencia en la cual siempre obtuve mis mejores notas en la querida escuela Mariano Acosta, en Buenos Aires, donde cursé los ciclos de primaria y secundaria.

Recuerdo que en la primaria obtuve la mejor nota de todos los cursos de geografía por un trabajo práctico y exposición en clase sobre Moscú. El eje de mi trabajo fue la catedral de San Basilio.

Por supuesto que anhelaba visitarla, algo que parecía un sueño en la década del 70.

Ese sueño se hizo realidad este 8 de octubre de 2018. Llegué a media mañana a Moscú, junto a mi hija Agustina, procedente de Ereván, Armenia, la tierra de mis abuelos paternos que había visitado por primera vez.

Luego de ingresar al hotel y de almorzar, fuimos al parque Muzeon,donde hay bustos de dirigentes comunistas fallecidos, que fueron derribados por el colapso de la Unión Soviética.

Cruzamos el río Moscova y desde ahí aprecié algo de San Basilio.

Llegamos a la Plaza Roja cuando empezaba el atardecer y nos fuimos a la noche.

La frutilla del postre fue la caminata por la calle Nikolskaya.

Mi cara de felicidad refleja la alegría de cumplir ese sueño de la infancia.

Volver a Armenia: la última cena


El octavo y último día completo de mi viaje por Armenia, la nación de mis abuelos paternos que visito por primera vez, culminó con una cena en Ereván la capital de este país, junto a Agustina, mi hija y anfitriona.

La cena consistió en diferentes variedades del lehmeyun (hay diferentes maneras de castellanizar esta palabra), mi comida armenia favorita, que mi abuela Lousaper nos hacía todos los domingos cuando mi familia almorzaba en su casa.

Lousaper y mi abuelo Aram sobrevivieron al genocidio armenio de 1915. Estuvieron muy presentes en el paseo que realicé hoy por el estremecedor museo sobre esa barbarie cometida por Turquía. Contaré en otras futuras notas sobre ese museo.

Quizás la foto que ilustra esta nota refleje bien mi experiencia en Armenia: la alegría del reencuentro con mi hija que reside en Ereván desde abril de 2018, y de un renovado flujo de la savia que viene de mis raíces armenias, fortalecida por el contacto directo con la nación de mis abuelos.

Volver a Armenia: estampas de un día agitado


El séptimo día completo de mi viaje por Armenia, la nación de mis abuelos paternos que visito por primera vez, se inició temprano en Stepanakert, la capital de la República de Artsaj, donde había llegado el 3 de octubre con mi hija Agustina.

Elmira, la viuda de un combatiente de Artsaj que murió en la guerra entre Armenia y Azerbaiyán a fines del siglo pasado, y en cuya casa nos hospedamos, nos despidió con este desayuno a la usanza de esta región montañosa, más conocida como Nagorno Karabaj.

A las 9.30 salimos de Stepanakert a bordo de un taxi, que demoró dos horas en hacer unos 110 kilómetros por un camino sinuoso y en algunos tramos de cornisa hasta la ciudad armenia de Goris.

A pocos kilómetros de la frontera entre Artsaj y Armenia pasamos por el control de pasaportes.

Las banderas estaban a media asta por el duelo nacional en ambas repúblicas por la muerte del cantante Charles Aznavour, quien construyó en Stepanakert un hermoso centro cultural.

El taxi que nos llevó hasta Goris era uno de los centenares de Lada ruso que circulan por estos dos países.

En medio de las nubes que nos acompañaron en el viaje apareció este cartel de despedida de Artsaj.

Al fondo, un monumento justo en el límite entre las dos repúblicas.

En Goris cambiamos de automóvil. Como seguían la lluvia y la niebla cancelamos la visita al monasterio de Tatev y nos dirigimos hacia Ereván, la capital de Armenia.

En la ruta que tiene tráfico intenso, nos cruzamos con varios rodados de todo tipo, como estos:

También ómnibus y camiones procedentes de Irán.

Y camiones de transporte de forraje.

Pasando la mitad del camino entre Goris y Ereván apareció el monte Ararat (a la derecha).

Una vez llegados a Ereván, Agustina, excelente guía y organizadora del viaje, me llevó al museo del artista multifacético Sergei Paradjanov.

La escena es un detalle de una camisola de un sobreviente del genocidio armenio sobre la que intervino este artista.

Agustina me llevó luego a un barrio humilde, llamado Kond, que resiste en forma organizada la presión de inversores inmobiliarios que buscan desplazarlos de una de las zonas más cotizadas de Ereván.

Como en todo este viaje por Armenia y Artsaj, no sufrí ni observé ningún hecho de violencia o delincuencia. Es un país seguro.

Luego Agustina me llevó a la agradable mezquita azul de Ereván.

Antes de la cena pasamos por la plaza Aznavour, donde centenares de personas lo recordaban con serenidad y gratitud. La música de este artista es omnipresente en calles, vehículos, comercios, plazas, restaurantes, etc.

Ya en el hotel, la recepcionista se ganó todo mi aprecio al escribir bien mi apellido.

El día terminó con una rica cena armenia en Derian, un restaurante que eligió, sí, acertaste, Agustina.

Volver a Armenia: monasterio + fortaleza + tanques en Artsaj


El sexto día completo de mi viaje por Armenia en rigor no fue en esa república transcaucásica sino en otra, llamada Artsaj, más conocida como Nagorno Karabaj, disputada por Armenia y Azerbaiyán y que generó una guerra entre esos dos países entre 1990 y 1994.

Llegué con mi hija Agustina el 3 de octubre a la capital de Artsaj, Stepanakert, y el 5 de ese mes lo dedicamos a visitar un monasterio y una fortaleza, ambos de origen medieval.

Estas visitas nos llevaron muy cerca de la línea de contacto entre las fuerzas armadas de Artsaj y Armenia con las de Azerbaiyán, en la frontera más militarizada vecina a Europa.

El contraste es fuerte, porque Stepanakert tiene un ritmo de vida tranquilo, con presencia de militares pero ninguno de ellos armados, mientras que apenas 35 km de distancia vimos ejercicios de tanques muy pertrechados y de tiro de armas ligeras y pesadas.

Un clima de guerra, que está bajo una débil tregua que no impide frecuentes violaciones de ese armisticio.

A pocas decenas de kilómetros de ese frente de guerra está el hermoso monasterio de Gandzasar, rodeado de montañas y frondosa vegetación.

A pesar del día nublado y ventoso, nunca llovió.

Después fuimos a la fortaleza de Triganakert, a pocos kilómetros del frente de guerra.

A la tarde fui al museo de los soldados armenios caídos en la guerra entre 1990 y 1994, y en una reanudación del conflicto en 2016 que duró 4 días.

Nota de R.: Estas notas desde Armenia y Artsaj son breves porque las escribo y publico desde un teléfono móvil.

Volver a Armenia: testimonios de guerras y persecuciones


El quinto día completo de mi viaje por Armenia, la tierra de origen de mis abuelos paternos, fue dedicada a recorrer Stepanakert y Shushi, la capital y la segunda ciudad en importancia, respectivamente, de la República de Artsaj, más conocida como Nagorno Karabaj, zona en disputa entre Armenia y Azerbaiyán y que llegó al extremo de una guerra entre los dos países entre 1988 y 1984.

Ambas ciudades tienen incontables testimonios urbanos de esa guerra y de otras que las asolaron. Hay edificios en ruinas por doquier, en especial en Shushi.

Con mi hija Agustina desayunamos en la casa donde nos hospedamos en Stepanakert, propiedad de una viuda de un combatiente armenio en la guerra contra Azerbaiyán.

Nos fuimos en un colectivo a Shushi, apenas a 20 km pero en un camino de cornisa y muy sinuoso.

Hasta principios de siglo XX, Shushi era una ciudad donde convivían en paz cristianos e islámicos, hasta que el genocidio armenio cometido por Turquía devino en su destrucción casi total.

Un testimonio de esa persecución es el colegio real, que en 1908 fue dejado en ruinas, que hoy son un atractivo histórico y turístico muy particular.

En Shushi también hay una fortaleza de la Edad Media.

El símbolo de Artsaj se encuentra en Stepanakert. Se trata de de un monumento sin base o pedestal, de una pareja de abuelos centenarios (en Artsaj está el mayor índice global de personas centenarias sobre el total de la población).

El nombre oficial es ‘Nosotros somos nuestras montañas”.

Tomé muchísimas fotos que compartiré a mi regreso a Buenos Aires.

Aunque fueron escenarios de guerras, las dos ciudades rebosan de vida y tranquilidad, pese a que menos de – 0, km se encuentra la frontera más militarizada del Asia menor.

Por esa razón, durante la cena celebré mi primer día completo en Artsaj con una cervezas y una gaseosa en rusi.

Volver a Armenia: monasterios, un choque y un nuevo país


Mi cuarto día completo en Armenia fue dedicado a un largo viaje de unas 11 horas y media de duración para una distancia de unos 450 kilómetros.

La mayor parte de ese tiempo no lo perdí en embotellamientos, aunque algo más de dos horas se extraviaron por culpa de un accidente de tránsito.

Junto a mi hija Agustina, quien reside en Armenia, la nación de mis abuelos paternos, partimos a las 9.00 de Ereván, la capital de este país de Asia menor.

Por supuesto, no me privé de la foto tradicional de la parejita viajera.

El número se refiere a los 100 años de la creación de la República de Armenia.

En las avenidas de Ereván seguían los homenajes a Charles Aznavour, quien falleció el 1 de octubre.

La primera de las paradas que provocaron ese tiempo de viaje tan largo fue el increíble monasterio de Khor Virap, que se encuentra a pocos kilómetros del monte Ararat, símbolo de Armenia que está en Turquía.

Luego fuimos a otro sitio religioso muy diferente de Khor Virao por su contexto natural: el monasterio de Noravank, que se encuentra encajonado en en estrecho cañadón.

Cuando faltaban apenas 50 kilómetros para nuestro destino siguiente, el monasterio de Tatev el automóvil en el que viajábamos embistió a un vehículo manejado con imprudencia por un hombre que viajaba con su mujer y su hermano.

El accidente no tuvo consecuencias personales pero devino en una comedia del mejor cine italiano.

En la fotografía, las sombras de Agustina y este servidor, y el policía y el chófer del automóvil en el que viajamos.

Luego de dos horas y media en las que desfilaron discusiones de los chóferes, la llegada de habitantes de un pueblo rural vecino, los empleados de las empresas de seguros, un camión de bomberos, una decena de curiosos que se detenían a observar las consecuencias del choque, otros que aminoraban la velocidad para mirar los autos y casi generaban otros accidentes, y la policía, retomamos el viaje a nuestro destino final: Stepanakert, la capital de la República de Artsaj.

Este joven país nació luego de la guerra entre Armenia y Azerbaiyán por la región conocida también como Nagorno Karabaj,a fines del siglo XX.

La gran mayoría de la población de Artsaj es de origen armenio. Se usa la misma moneda, el dram, y el idioma, entre otras muchas cosas.

Para entrar a Artsaj hay que gestionar previamente una visa.

Ya de noche, hicimos nuestro ingreso a este país, sólo reconocido como tal por Armenia y otras repúblicas similares escindidas de Rusia.

Detrás a la izquierda la bandera de Armenia,, y a la derecha, la de Artsaj, que se diferencia de la otra por incluir una escalera blanca.

Luego de un camino extremadamente sinuoso llegamos a las 20.30 a Stepanakert, una ciudad tranquila y pacífica, aunque haya soldados por todas partes,por causa del estado de hostilidad bélica entre Artsaj y Azerbaiyán.

Volver a Armenia: Agustina, historia y cristianismo


Mi tercer día completo en Armenia el 2 de octubre fue dedicado a la historia y el cristianismo, además del cumpleaños de mi hija Agustina, quien reside en Ereván, la capital de la nación de mis abuelos paternos, desde abril.

El cristianismo, al cual intento practicar con muchas fallas propias desde mi adolescencia, forma parte inescindible de Armenia, está en su ADN.

Los armenios y descendientes de armenios, como mi caso, destacamos con orgullo la condición de ser la primera nación que adoptó el cristianismo como religión oficial en la historia.

Alrededor del 95% de los armenios profesa el cristianismo.

El país tiene su propia iglesia, la Iglesia apostólica armenia; es la iglesia nacional más antigua del mundo, ya que en el año 301 se convirtió en la primera rama del cristianismo en convertirse en una religión de Estado.

Es habitual ver en los templos en Ereván a la mañana y a la tarde personas jóvenes, adultos y ancianos que concurren a rezar y/u orar.

A la mañana salí del hotel, que está situado en una cuadra de edificios de viviendas de estilo soviético, que son omnipresentes en Ereván.

Estos edificios no tienen entrada directa desde la calle, hay que atravesar un breve túnel que comunica con una red de calles internas adonde dan los ingresos a los departamentos.

Caminé hasta el museo Matenadaran, donde se encuentra el mayor depósito de manuscritos del mundo.

En el ingreso había un grupo musical armenio en plena producción de fotos.

El anciano esculpido atrás es Mesrob Mashtóts, quien en 405 después de Cristo creó el alfabeto armenio.

El museo es pequeño pero de una riqueza histórica incalculable, hay manuscritos de la época de Mashtóts hasta el siglo XIX.

Autofoto a la salida del museo, Agustina no me acompañó porque era el día de su cumpleaños y ya conocía el lugar.

La tapa del principal diario de Ereván fue dedicada a Charles Aznavour. Publiqué en mis perfiles en Facebook e Instagram fotografías y videos de homenajes populares de este genial cantante francés y gran actor de difusión de la causa armenia en el mundo, fallecido a los 94 años el 30 de septiembre. En todos los restaurantes suena su música desde el martes. Incluso, en las radios de géneros alejados al romántico de Aznavour cada una hora emitían una de las 1.200 canciones que grabó.

A la tarde fui con Agustina a Garni, donde se encuentra un templo del siglo I después de Cristo que replica al Partenón de Atenas, Grecia. Está a 32 km de Ereván.

Luego fuimos al monasterio de Geghard, a 7 km de Garni, una construcción arquitectónica única en Armenia, parcialmente excavada en la montaña adyacente, rodeada por acantilados. El monasterio, junto con el valle alto del río Azat, fueron incluidos por la Unesco en la lista del Patrimonio de la Humanidad.

Mientras que la capilla principal fue construida en 1215, el complejo monástico fue fundado en el siglo IV por Gregorio el Iluminador en el lugar de un manantial sagrado en el interior de una caverna.

Luego regresamos a Ereván, donde Agustina celebró su cumpleaños con sus amigos. Yo se lo había agasajado el día anterior con una exquisita cena en el restaurante Lavash.

Quizás esta serie de relatos se interrumpa en los próximos días, cuando Agustina y yo viajaremos a Artsaj, una república que nació luego de la guerra entre Armenia y Azerbaiyán a fines del siglo XX. Posiblemente no tengamos buena conexión a Internet en una de las zonas más intrigantes del mundo: un país al que sólo reconocen como tal Armenia y algunas repúblicas separatistas de la ex Unión Soviética,y que aún está técnicamente en guerra, puesta en pausa por un armisticio que se quiebra por escaramuzas cada algunos meses.