Salmos y músicas para mis 50 años


La música es la compañía que elijo para celebrar mis 50 años de vida, porque está a mi lado desde mi llegada al mundo hace hoy, 30 de julio de 2014, exactamente medio siglo, y porque forma parte de este blog desde sus inicios.

Esta nota incluye videos que estaban disponibles en la web al momento de su publicación. Si ahora cuando la lees, esos videos están bloqueados, puedes buscarlos en Internet. Son canciones cortas, sugiero escucharlas, como si fueran un pausa en la lectura.

El artículo también incluye, a la manera de un árbol frondoso, enlaces a otras músicas y a notas propias en este blog donde hay videos musicales. Están subrayados y resaltados en color azul. Si haces clic sobre ellos se abrirá una nueva ventana.

Cuando nací, la música de The Beatles impregnaba el aire desde un tocadiscos en un departamento en Buenos Aires. Y así fue durante toda mi infancia.

Los cuatro de Liverpool nos acompañaban en los viajes de vacaciones de la familia a las playas bonaerenses, desde un reproductor de casetes que estaba entre los dos asientos delanteros de los diferentes automóviles Renault que manejaron mis padres. En esos viajes y en la casa de mis padres aprendí de memoria Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band.

Ellos también nos llevaron a mi hermana y a mí a cines porteños para ver, cuando teníamos menos de 10 años de edad, películas “beatlescas” como Let it be  y Yellow Submarine.

Mi padre, pastor evangélico, abrevaba en los movimientos culturales de su época, en las décadas del 60 y del 70. Por eso me regaló, cuando tenía siete años de edad, Sticky Fingers, aquel disco de The Rolling Stones en cuya portada había un cierre a cremallera de un pantalón jean, y que el sobre portadiscos simulaba ser un slip. Brown Sugar y otras canciones de ese disco sonaron durante horas en el combinado musical hasta que la fritura del vinilo surcado tantas veces por la púa hizo inaudible a Mick Jagger y compañía.

Mi padre también elegía el mismo himno cuando terminaba los servicios (cultos) nocturnos que servía para avisarnos a mi hermana y a mí que faltaba poco para regresar a casa, como conté en esta nota.

Esa herencia constituye un legado que recibí de mis padres y transmití a mis hijas, como conté en esta nota.

Los años pasaron y pude conocer diferentes estilos, géneros e intérpretes. No voy a aburrirte con una enumeración de nombres, puedes verlos en las categorías Música y La música del día en este blog, aunque luego del final “oficial” de esta nota hay un bonus track por si te gusta investigar.

En la Biblia, los Salmos es el libro musical por excelencia. Y a ellos recurro para celebrar este medio siglo de vida.

Como dice el Salmo 136:1, en este día doy

“… gracias al Señor, porque él es bueno; su gran amor perdura para siempre.”

Hago mías las palabras de David en el Salmo 139:

“Señor, tú me examinas, tú me conoces.
Sabes cuándo me siento y cuándo me levanto; aun a la distancia me lees el pensamiento.
Mis trajines y descansos los conoces; todos mis caminos te son familiares.
No me llega aún la palabra a la lengua cuando tú, Señor, ya la sabes toda.
Tu protección me envuelve por completo; me cubres con la palma de tu mano.
Conocimiento tan maravilloso rebasa mi comprensión; tan sublime es que no puedo entenderlo.
¿A dónde podría alejarme de tu Espíritu?
¿A dónde podría huir de tu presencia?
Si subiera al cielo, allí estás tú; si tendiera mi lecho en el fondo del abismo, también estás allí.
Si me elevara sobre las alas del alba, o me estableciera en los extremos del mar, aun allí tu mano me guiaría, ¡me sostendría tu mano derecha!
Y si dijera: «Que me oculten las tinieblas; que la luz se haga noche en torno mío», ni las tinieblas serían oscuras para ti, y aun la noche sería clara como el día.
¡Lo mismo son para ti las tinieblas que la luz!
Tú creaste mis entrañas; me formaste en el vientre de mi madre.
¡Te alabo porque soy una creación admirable!
¡Tus obras son maravillosas, y esto lo sé muy bien!
Mis huesos no te fueron desconocidos cuando en lo más recóndito era yo formado, cuando en lo más profundo de la tierra era yo entretejido.
Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación: todo estaba ya escrito en tu libro; todos mis días se estaban diseñando, aunque no existía uno solo de ellos.”

En este medio siglo, comprobé, como dice el Salmo 127, que

“si el Señor no edifica la casa, en vano se esfuerzan los albañiles.
Si el Señor no cuida la ciudad, en vano hacen guardia los vigilantes.
En vano madrugan ustedes, y se acuestan muy tarde, para comer un pan de fatigas, porque Dios concede el sueño a sus amados.
Los hijos son una herencia del Señor, los frutos del vientre son una recompensa.
Como flechas en las manos del guerrero son los hijos de la juventud.
Dichosos los que llenan su aljaba con esta clase de flechas.
No serán avergonzados por sus enemigos cuando litiguen con ellos en los tribunales.”

Y también comprobé en mi propia vida, por gracia y misericordia de Dios, lo que expresa el Salmo 146:

“No pongan su confianza en gente poderosa, en simples mortales, que no pueden salvar.
Exhalan el espíritu y vuelven al polvo, y ese mismo día se desbaratan sus planes.
Dichoso aquel cuya ayuda es el Dios de Jacob, cuya esperanza está en el Señor su Dios, creador del cielo y de la tierra, del mar y de todo cuanto hay en ellos, y que siempre mantiene la verdad.
El Señor hace justicia a los oprimidos, da de comer a los hambrientos y pone en libertad a los cautivos.
El Señor da vista a los ciegos, el Señor sostiene a los agobiados, el Señor ama a los justos.
El Señor protege al extranjero y sostiene al huérfano y a la viuda, pero frustra los planes de los impíos.”

Por todo esto, me apropio estas palabras del mismo salmo anterior:

“¡Aleluya! ¡Alabado sea el Señor!
Alaba, alma mía, al Señor.
Alabaré al Señor toda mi vida; mientras haya aliento en mí, cantaré salmos a mi Dios.”

La música expresa muchas veces aquello que las palabras no alcanzan a encarnar, como lo mencioné en varias notas en este blog.

Un resumen musical de los salmos anteriores es el himno “Oh amor que no me dejarás”. Hay varias versiones que compartí, con la letra en español, en esta nota. Debajo, una de esas versiones, a capela, son unos cuatro minutos epifánicos:

Acudo ahora para seguir esta nota al guitarrista Pat Metheny. La siguiente balada, Farmer’s Trust, refleja muy bien mi espíritu en este día: en primer lugar gratitud a Dios por sus bendiciones en mi existencia. Y, puestos en orden cronológico por aparición en mi vida, gratitud a

  • mis padres, Roberto y Martha;
  • mis abuelos y tíos;
  • mi hermana Priscila;
  • mis primos;
  • mis compañeros y maestros de la escuela Mariano Acosta, donde cursé la primaria y la secundaria;
  • mis amigos de las iglesias de los barrios porteños de Chacarita, Caballito, del Centro, Villa Pueyrredón y Olivos;
  • mis compañeros de estudios en la Universidad del Salvador;
  • mis compañeros y a mi jefes en mis trabajos en periodismo y de otros medios desde 1986 en adelante;
  • mi esposa Cristina;
  • mis hijas María y Agustina;
  • mis suegros, cuñados y sobrinos;
  • mis compañeros en diferentes organizaciones eclesiásticas, sindicales y profesionales;
  • mis amigos, compañeros y colegas de otros medios de comunicación;
  • mis compañeros de bandas musicales;
  • mis compañeros de viajes.

A todos ellos, les agradezco porque, pese a mis muchos errores, yerros, fallas y equivocaciones, me acompañaron en este medio siglo.

Si eres uno de esa lista y estás leyendo esto, te obsequio esta balada, de unos seis minutos de duración y grabada en vivo:

La siguiente balada nostálgica de Metheny, “More travels”, evoca a quienes no están conmigo hoy:

  • Roberto, mi padre, quien murió cuando tenía apenas ocho años de edad;
  • César Dergarabedian, mi tío, a quien le debo mucho más que el nombre que mis padres me pusieron en honor a él, fallecido en el año 2000;
  • María, mi primera hija, que partió en 2008 a los 17 años de edad;
  • Martha, mi madre, quien murió en septiembre de 2013.

En su memoria, esta balada de una sola guitarra, de casi cuatro minutos de duración:

Compartí cómo la música ayudó en el duelo por la muerte de María en esta nota, y en el mismo proceso de duelo respecto a mi madre en esta nota.

La última canción es Make Peace, una pieza a dúo por Metheny y Brad Mehldau. Una melodía pastoral en la guitarra acústica, tamizada por el cromatismo sutil del piano, que expresa una esperanza serena por un mundo nuevo, esperanza con la que comienzo mi segundo medio siglo de vida.

Bonus track
En esta suerte de posdata incluyo otras músicas que quedaron afuera de la nota original.

Si tuviera que llevar un trío de discos a una isla desierta para escuchar hasta que me rescaten, al estilo de Tom Hanks en la película Náufrago (aunque al protagonista del film apenas le quedó una pelota Wilson…) eligiría Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach, la 9° Sinfonía de Gustav Mahler, y The Way Up, de The Pat Metheny Group.

La Pasión bachiana emociona, eleva, transfigura, es perfecta e inagotable. La obra de Mahler es un desconsolado adiós a un mundo de inocencia y, en simultáneo, una visión de un futuro sublime, reflejada en el Adagio final. La suite del grupo de Metheny es la obra cumbre de este músico y sus socios. La estructura musical y el título recalcan el concepto de viaje por un mundo paradisíaco.

Metheny me acompañó en pasos trascendentes de mi vida, como mi casamiento con Cristina y mi última mudanza previa a esta nota por los 50 años.

Siempre agradecí a María, mi hija, por dos presentaciones que me hizo: la etapa solista de Gustavo Cerati y Radiohead.

A raíz de mi proceso de duelo por la muerte de María, mi amigo Alejandro Bedrossian escribió esta canción. Su hermano, Pablo Bedrossian, otro amigo, escribió canciones como Déjalo a Dios actuar y Por mí resucitaste. A los dos les estaré siempre agradecido por sus obras y su compañía.

Tuve la bendición de escuchar a muchos músicos contemporáneos argentinos en vivo y en directo, como Litto Nebbia (su “Cuando te veas crecer” fue lema de una parte importante de mi vida), Fito Páez, Lito Vitale y Pedro Aznar.

También crecí y me desarrollé con el rock inglés: además de los mencionados The Beatles y The Rolling Stones, con Sting, King Crimson, Genesis, y Emerson, Lake & Palmer.

Mi amiga y colega Natalia Estefanía Botero y yo hablamos varias veces de las epifanías de la vida. En algunos de las mías estuvo la música, como los siguientes momentos que mencioné en este blog:

En el último tema te ahorro el clic sobre el enlace, lo tienes aquí debajo, es un video propio.

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2 comentarios en “Salmos y músicas para mis 50 años”

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